Yo sé lo que es un terremoto
Gloria Bensan, 78 años
Cristián, de 4 años, se ufanaba de repetir “Yo sé lo que es un terremoto” al adulto que lo quisiera escuchar. Luego, ante la curiosidad del interlocutor, venía la inevitable pregunta ¿qué es? y él respondía “es cuando el tata le pega a la abuela y después la mata”.
¿Qué fue lo que lo llevó a esa conclusión? Ese domingo 3 de marzo de 1985 nos reunimos en casa de mis padres a comentar el matrimonio de mi hermano celebrado el día antes. No es legítimo continuar sin hacer una pertinente referencia. Se trata de mi madre que, ante el menor movimiento sísmico, reaccionaba desde el terror de haber perdido su casa y su ciudad en el terremoto de Chillán en enero de 1939.
Ese domingo de marzo, poco antes de las 8pm, al empezar a temblar, todos supimos lo que se nos venía. Mi mamá gritaría, nos gritaría a todos que saliéramos y sin control, correría hacia la calle. Sólo que esa vez, en ese momento, un gran pánico se apoderó de ella. Enmudecida, permaneció agarrada al marco de la puerta de la casa. Estaba petrificada… y no paraba de temblar…
Mi papá se le acercó por la espalda con la intención de contenerla y sacarla de ahí para que los demás pudiésemos salir. Le hablaba con suavidad, le hacía cariño en su cabeza, cara y brazos e intentaba soltarle las manos, pero no podía. Y el temblor aumentaba su intensidad… Ya no cabían dudas… se trataba de un terremoto. Por la ventana, veíamos el movimiento ondulado -de oriente a poniente- del pavimento de la calle.
Todos en silencio. Intentamos abrazar a nuestros tres hijos al tiempo que pensábamos si sería posible regresar a nuestra casa y que, de irnos, cómo y por dónde lo haríamos.
Lo prolongado del sismo nos llenaba de temor, nos quitaba fuerzas y nos hacía pensar que todo terminaría en el suelo. Y todos sin poder salir de la casa, porque mis padres seguían bloqueando la puerta. Alguien decía que era mejor permanecer dentro porque afuera podrían caernos las tejas.
De pronto y ante la mirada atónita de niños y adultos, mi mamá cayó estrepitosamente al suelo. Se había desmayado. Mi papá, muy asustado, pedía ayuda para levantarla y llevarla a un sillón. Cuando mi mami volvió en sí, el sismo ya se había calmado, aunque nosotros seguíamos temblando por dentro. Y nos surgieron nuevas interrogantes ¿Mi mami, estará bien? ¿Habrá sido un único temblor? ¿Habrá sido el más fuerte? ¿Habrá réplicas? ¿Dónde sería el epicentro?
Mientras tanto, nadie se imaginó ni percató que la mente de Cristián había estado grabando su cinematográfica interpretación de los movimientos de mi papá junto a mi mamá y de mi mamá cayendo al suelo.