Tragedia al finalizar el verano
Carmen Castillo, 66 años
Aquel Domingo 3 de Marzo de 1985, yo estaba en turno diurno en la UNI ( Unidad Intermedia de Nefrología) en el entonces Hospital José Joaquín Aguirre. Esta Unidad estaba ubicada en el 4° piso sector E del edificio. Había sido un turno tranquilo,con pocos pacientes, todos estables. Alrededor de las 19.45 hrs.y dada la paz reinante, avisé a la ayudante de enfermería que iría al vestuario de Enfermeras. Estando allí, casi a las 19.50 hrs.comenzó un temblor que pensé que sería breve, como el movimiento continuó cada vez más fuerte, atiné a abrir la puerta del vestuario. El movimiento era muy fuerte, algo que nunca había experimentado. Asomada al pasillo, no podía moverme porque el suelo parecía ondularse. Muy cerca de donde me encontraba estaba la escala de ese sector. Fue ahí que ví a un conocido cirujano, tratando de bajar por la escala, algo que era imposible por el movimiento telúrico, de hecho él cayó unos peldaños y gateando llegó al plano.
Una vez terminado el sismo, corrí hacia la UNI, que estaba a pocos metros. Mi ayudante, muy serena, había calmado a los pacientes, los cuales no sufrieron daños.En la clínica de enfermería todos los cajones de los muebles habían caído, las puertas de los estantes se abrieron y todos los elementos que había en su interior cayeron al suelo, frascos de vidrio con desinfectantes, material de curación, etc.
Pero lo más impactante fue la visión aterradora de la ciudad a través del ventanal que daba hacia el frontis del edificio. Desde esa altura no podían divisarse edificios, ni casas, como hubiese sido lo normal, solo podía verse una inmensa nube de tierra que lo cubría todo. Una vez que mi colega llegó a relevarme, busqué algún teléfono para comunicarme con mi familia y saber de su estado. Cómo era de esperarse fallaron las comunicaciones y tan solo había un teléfono fijo funcionando en la Unidad de Intermedio de Medicina. Por cierto, estaba colapsado, con muchas funcionarias agolpadas tratando de hablar. Cuando pude tomar el auricular ocurrió algo “mágico”, sin que yo marcara el número de teléfono de mi casa, al otro lado de la línea estaba la voz de mi mamá, pudimos hablar y tranquilizarnos mutuamente.
Al bajar por la escala, ví como personal médico y paramédico de Urgencia subía en camillas a pulso a pacientes con diferentes traumas, a la Unidad de pacientes críticos. Algunos intubados, otros con lesiones a la vista, con transfusiones, etc., era una imagen dramática.
Posteriormente me dirigí a mi hogar en mi vehículo. Fue muy difícil y traumático el trayecto. Comenzando el recorrido por calle Olivos, era desolador el panorama, la mayoría de las construcciones de esa zona eran de adobe y estaban destruidas, había personas en la calle sentadas en el suelo, desorientadas. No había semáforos funcionando, las calles eran iluminadas tan solo por las luces de los vehículos. Cuando iba cruzando el Parque Forestal, el vehículo comenzó a tambalearse, era una fuerte réplica.
Aún no me explico cómo pude cruzar la Alameda entre vehículos que iban y venían, un caos total. Muchos hogares estuvieron alrededor de 3 días o más sin agua y sin luz.
Las consecuencias del terremoto fueron devastadoras.