Testimonio Magdalena Baeza
Entrevista y transcripción: Anabella Zirotti
Este relato es parte de una serie de entrevistas realizadas en el curso «Historias de los terremotos de Chile», dictado en la Universidad de Los Andes.
Entrevistadora: Vamos a comenzar la entrevista del terremoto de 1985 en Valparaíso. Mi entrevistada es Maida Baeza y quiero comenzar agradeciéndote por aceptar participar en esta entrevista. El objetivo es conocer tu experiencia personal del terremoto del 3 de marzo de 1985. Cómo lo viste tú, cómo fue estar con tu familia, qué recuerdas de esos días y qué significó ese momento para tú. En esta entrevista no hay respuestas correctas o incorrectas, lo importante es tu relato y tus recuerdos. Voy a comenzar preguntándote antes del terremoto,¿dónde vivías en ese tiempo y con quién compartías tu hogar?
Magdalena: Ya, bueno, primero gracias por la entrevista y te cuento que yo en esa época tenía 13 años. Vivía con mi familia, mis papás, mis tres hermanos en una casa con un terreno relativamente grande. Teníamos una piscina, teníamos una cancha de tenis.
Entrevistadora: ¿Vivían en Santiago?
Magdalena: Vivíamos en Santiago, en Las Condes. Y bueno, era un día de verano, creo que era el último día antes de volver al colegio, una cosa así. O sea, ya estábamos como despidiéndonos de las vacaciones y habíamos convidado a mi abuela, con su hermana y con unos tíos también. Así que fue como a las 7:20 creo y ya nos estábamos despidiendo.
Entrevistadora: ¿Y recuerdas si hubo un temblor o señales previas antes de este momento o días anteriores?
Magdalena: No, no me acuerdo que haya habido como temblores previos o algo así como para haber estado como alerta o asustada. Por el contrario, fue como muy de repente, sin ningún aviso la verdad.
Entrevistador: Bueno, como ya me dijiste ese día, ese lunes, antes del terremoto, estabas como terminando las vacaciones antes de entrar al colegio. ¿Y estaban haciendo algo específico?
Magdalena: No, a ver, en ese momento me acuerdo de que nos estábamos despidiendo de mi abuela, con su hermana y de un tío también. Estábamos en la entrada de la casa, la casa donde yo vivía tenía tejas. Era una casa prefabricada, o sea, tampoco era tan sólida. Y la verdad es que estábamos despidiéndonos y entonces empezó a temblar. O sea, estaban como justo en la entrada. En la puerta de la casa de entrada y ahí tenía como un alero con tejas. Entonces, ¿qué hacemos? ¿qué hacemos? Y bueno, mi mamá, mi abuela y mi tía querían arrancar a donde fuera, pero no podían arrancar muy lejos porque se les podían caer las tejas encima. Entonces, fue un momento como bien complicado. Mi abuela rezaba, mi mamá no sabía para dónde ir, mi tía muda. Y el resto mirábamos la situación y un poco como según lo que hicieran ellas, íbamos a seguir nosotros, digamos.
Entrevistadora: Y siguiendo esa línea como durante el terremoto, ¿ese momento exacto lo recuerdas solo como el movimiento o como una locura o algo?
Magdalena; No, el movimiento más los comentarios de los que estaban ahí. Y me acuerdo de que de repente en ese momento empezamos a ver como agua que corría por la entrada de la casa. Y no teníamos idea de qué estaba pasando. Después supimos que era la piscina, que en el fondo se movía tanto que empezó a hacer olas y las olas se salían para afuera y empezó a correr el agua. O sea, y me acuerdo en una de las réplicas que hubo, estábamos en la terraza y bueno, yo te decía que teníamos un jardín bien grande. Y entonces ahí yo vi como ondas en el jardín. Literalmente como que el jardín estuviera siendo así como un tipo tobogán, cuando uno se tira por el tobogán eran como ondas. Muy impresionante.
Entrevistadora: ¿Te acuerdas de qué emociones sentiste en ese momento?
Magdalena: Bueno, miedo de todas maneras y también como mucha curiosidad también, como de a ver en qué va a terminar esto, qué va a pasar, digamos.
Entrevistadora: Porque igual es difícil que una niña de 13 años como que pueda tomar conciencia de lo que estaba sucediendo.
Magdalena: No, por supuesto, sí, de todas maneras, miedo. Además a mí me dan mucho miedo los terremotos y los temblores, a mi mamá también. Entonces es un poco como uno replica un poco lo que ve lo más grande.
Entrevistadora: Y en relación con lo que estaba pasando afuera de tu casa, ¿veías a la gente como histérica, que la gente corría o no se veía nada?
Magdalena: No, la verdad es que no, yo no vi nada, no salimos de la casa tampoco, después ya cuando las visitas se fueron. Pero la calle donde yo vivía era muy tranquila, la verdad es que no vi a nadie ni a nadie tampoco. Las réplicas después, eso sí, que me tocaron fuera de la casa, pero en ese momento no.
Entrevistadora: Perfecto, ¿y en el ambiente se cortó la luz, se cayeron algunos árboles?
Magdalena: En la casa y en los alrededores se cortó la luz, pero nada más. Una de mis hermanas iba en auto en ese momento, tenía que hacer el turno en el hospital, y así es que ella no lo sintió como nosotros. Pero sí le llamó mucho la atención que cuando yo iba en el auto, veía como que los cables se movían mucho, no entendía qué es lo que estaba pasando.
Entrevistadora: ¿Ustedes pudieron contactarse con ella? Después, más tarde. Porque en ese momento las señales estaban cortadas.
Magdalena: No, nada, sí, se cortó el teléfono, era teléfono fijo, entonces costaba, pero después nos contactamos con ella y ahí nos dijo que ella como que no se había dado cuenta tanto de qué es lo que estaba pasando.
Entrevistadora: Casi como un movimiento del auto.
Magdalena: Claro, efectivamente, sí.
Entrevistadora: Y después, inmediatamente después del terremoto, ¿qué fue lo primero que hicieron cuando terminó el movimiento?
Magdalena; Bueno… Porque después de, en el fondo, me imagino que se movieron de la entrada. Nos quedamos en el tintel de la puerta, que eso era lo que siempre decía mi papá, cuando hay un temblor hay que pararse en el tintel de la puerta y listo, nos quedamos ahí un rato. Y después, bueno, calmar a las visitas, no sé, no me acuerdo, darle agua, no tengo idea, ir a revisar un poco la casa, a ver si había pasado algo, si había habido algún daño.
Entrevistadora: Pero tú como era chica, te dejaron…
Magdalena: Yo ahí en la entrada, ¿no? Pero me acuerdo que mi papá fue a darse una vuelta, a revisar, ahí sí confirmó que efectivamente el agua que corría era la de la piscina, que todavía se seguía moviendo. Y lo más inmediato fue eso.
Entrevistadora: Bueno, ¿y después salieron a ver cómo estaba la gente afuera? ¿si había ocurrido algo?
Magdalena: No, la verdad que no, porque la calle donde yo vivía era en pocas casas. Sí me acuerdo que, así como hablando de una pandereta a otra, haber hablado con los vecinos y que estaban todos bien y listos, pero nada más, digamos. Y después rápidamente aprender la televisión para enterarse de alguna noticia, pero no había luz. Y después ya un poco más como pasar a la normalidad de los días.
Entrevistadora: Y en relación a eso, ¿qué impresión te ha ido de los daños cuando empezaron a pasar los días y empezaste a darte cuenta que, sí, como en tu barrio no había pasado nada, pero en otras partes…
Magdalena: Bueno, desde luego el colegio se canceló la entrada hasta no aviso, así que buenísimo porque había más vacaciones. Me acuerdo, esto fue un lunes, me acuerdo el miércoles haber ido con mi mamá a misa de 12 a la iglesia de la Inmaculada Concepción en Vitacura. Y ahí hubo una réplica, bien fuerte la verdad, y ya el sacerdoce paró la misa, salimos todos para afuera.
Entrevistadora: ¿Cuántos días había sido el terremoto?
Magdalena: Dos días después. Y ahí me acuerdo que me dio harto susto para qué decir a mi mamá, pero no pasó nada.
Entrevistadora: Claro, porque se vienen los recuerdos y uno empieza a pensar que es otro terremoto.
Magdalena: Claro, efectivamente, pero no pasó nada. Y lo otro que sí fue como bien impactante es que al fin de semana siguiente acompañé a mi abuela con una prima mía que era de mi edad. La acompañamos a Valparaíso porque ella era de allá y tenía toda su familia enterrada en el cementerio de Valparaíso. Entonces ella quería ir a ver cómo estaba todo, el mausoleo y qué se yo. Y eso la verdad es que no se me olvidó nunca más porque fue muy impactante el cementerio. De partida estaba embarrado, estaba bien destruido. Para nosotros que éramos chicas fue fascinante porque las tumbas removidas, literalmente era como una película. Tú veías tumbas abiertas con los muertos ahí, unos vestidos con tenis, con los zapatos parados. Otros que veías con los huesos y con el pelito a los lados. Otros con una mano afuera. Realmente fue súper impactante. Pero una niña de 13 años ver una situación así. Sí, yo nunca había visto un muerto. O sea, jamás. No me imaginaba cómo podía ser. Mausoleo, unos totalmente en el suelo. Sí, fue como un poco morboso de repente, como propio de la edad también. De ver cómo estaba todo, pero bueno, gracias a Dios.
Entrevistadora: ¿Y cómo estaba la gente ahí en Valparaíso? ¿Como todavía la gente estaba atemorizada? ¿Había susto o la gente ya había vuelto un poco más a la normalidad pensando que había pasado 7 días, una semana?
Magdalena: Mira, no me acuerdo. Así que yo creo que debe haber estado todo bastante dentro de lo normal. Porque no me acuerdo de haber tenido susto de ir, ni tampoco de andar en la calle. No, para nada.
Entrevistadora: Y en relación a la familia, a lo emocional, ¿cómo afectó este desastre en tu familia?
Magdalena: Yo creo que, bueno, gracias a Dios, en lo material no pasó nada. Así que fue muy bueno. Y en lo emocional yo creo que un poco, un poco más de lo mismo, la verdad. Mi mamá siempre le ha tenido miedo a los temblores, así que con un terremoto lo mismo.
No hubo como mayor cambio, diría yo.
Entrevistadora: ¿Y cómo te sentías en las días o semanas que siguieron al terremoto? ¿Estabas como en estado de alerta?
Magdalena: Yo creo que las primeras noches sí. No me acuerdo si la primera noche y la segunda habíamos dormido juntos o qué.
No, no me acuerdo de eso. Pero me imagino que sí, que en los primeros días y sobre todo después con las réplicas, uno queda como bastante más alerta que en cualquier minuto puede venir otra. Pero no, aparte de eso yo te diría que no me acuerdo más.
Entrevistadora: ¿Y tenías familiares que vivían cerca de la costa?
Magdalena: No, no. No tenías ningún familiar que vivía cerca de la costa. No, la verdad es que todos los familiares que tengo o que tenía en esa época vivían en Santiago. Me acuerdo habernos juntado como un par de semanas después, un sábado, a bañarse en la piscina, qué sé yo, y ahí como que ellos contaban cómo había sido en su caso, cada una de las situaciones. Pero no más.
Entrevistadora: ¿Y hoy en día de repente recuerdan a este terremoto cuando están en familia? ¿O por ejemplo se acuerdan más quizás del terremoto del 2010?
Magdalena: Claro, el 2010 es como mucho más fácil de recordar y porque además fue mucho más potente. Yo estaba más grande, tenía hijos ya, así que era otra situación. Pero sí nos acordamos de repente de ese terremoto y también riéndonos un poco las reacciones de cada uno.
Entrevistadora: ¿Y las autoridades en ese momento, el presidente, alcaldes, se hicieron cargo de alguna manera?
Magdalena: Yo pienso que sí, pero también hay que pensar un poco en el contexto de que se cortó la luz, las transmisiones no eran tan rápidas como hoy en día, no había celular ni redes sociales, lo único que tú podías hacer era escuchar por la radio y la televisión. Entonces todo era más lento al final, que por un lado era bueno porque, así como que no… No cundía tanto el pánico. Exactamente, como que estaba más tranquilo.
Entrevistadora: Porque al final ustedes se enteraban de lo que les estaba sucediendo a las otras personas de boca a boca. Claro. Porque llegaban dos días después las transmisiones.
Magdalena: Y cuando se haya conectado el teléfono, que me imagino que habrá sido un día, un par de días, pero nada más.
Entrevistadora: Y en relación a eso, ¿qué hacían para conseguir comida o agua en los días que no hubo agua y pensando también que habían saqueos?
Magdalena: No me acuerdo del tema de los saqueos, tampoco me acuerdo que hayamos tenido problemas de comida o de agua. Yo diría que como que la normalidad se restableció súper rápido. Funcionó muy bien. Ese miércoles haber ido a misa, quiere decir que ya estaba todo como normal. No me acuerdo que hayan habido así como grandes daños, como si hubo para el terremoto del 2010.
Entrevistadora:. Entonces ahora vamos a ir como a la mirada con el paso del tiempo, pensando en la persona que eres hoy en día. Después de tantos años, ¿cuáles son los recuerdos que siguen más vivos en ti? Que lo miras y dices, yo me acuerdo perfecto de eso.
Magdalena: Aparte lo del cementerio. Yo diría que el momento, el momento preciso en que empezó a temblar. Nos fuimos todos a la entrada de la casa y como ver las reacciones de cada uno en su estilo. Uno rezando, otro gritando, otro mirando, como un poco eso y como esta sensación.
Entrevistadora: ¿Crees que cambió algo en las personas después de ese día, después de ese momento? Porque igual quizás ustedes no lo vieron, no fue tan fuerte de lo que pensaron que podía ser, o sí.
Magdalena: Claro, yo como niñita de 13 años en ese momento creo que no, no dimensioné. Porque además uno es más niño, como que está muy como… Claro, depende mucho como de la reacción de los adultos. Lo que sí te podría decir es que del terremoto del 2010, que yo les tenía pánico a los terremotos, después de ese terremoto nunca más les volví a tener miedo.
Entrevistadora: Es que en el fondo también es un poco parecido a lo que decías, como tu mamá le tenía susto, tú replicabas lo que veías en ella. Como si ella le tenía susto a algo, era porque había que tenerle susto de alguna u otra manera.
Magdalena: Probablemente, y porque además después con el terremoto del 2010 yo ya era mamá, estaba casada, como que uno toma otra… Otra posición. Otro rol, claro, otro rol. Así que, sí.
Entrevistadora: ¿Y qué crees que podemos aprender hoy de lo que vieron ustedes en esa época? Es difícil la pregunta.
Magdalena: Mira, yo creo que… De todas las circunstancias que a uno le pasan en la vida, uno puede tomarlo como una oportunidad para poder aprender algo nuevo, o como para reforzar de repente lo aprendido. Yo te diría que… Que yo recuerdo como con, no sé si cariño, pero sí como que me dio mucha seguridad el haber estado todos juntos como familia. Y al final, bueno… Como aprendizaje y como siempre estar todos juntos.
Claro, como que las dificultades, el hecho de estar todos juntos, ayuda mucho a los niños, a los no tan niños, no sé, a sentirse más seguros, más protegidos. De alguna manera yo creo que ese podría ser como el aprendizaje. Para poder transmitirlo también después a los hijos, a los… no sé.
Entrevistadora: Gracias. Y como cierre, ¿hay algo más que quisieras agregar, recordar o compartir sobre esta etapa de tu vida? ¿O como marcó en tu historia personal? Algo que recuerdes quizás de ese momento.
Magdalena: No, yo diría que eso, como de sentirme muy apoyada y como segura estando con mi hermano, con mi papá. Como de saber que la familia a uno es donde se siente siempre más querida, más protegida. Y más cuando es más chico. Claro, y que eso es lo que muchas veces te contiene y te ayuda. Sí, yo creo que lo recalcaría eso.
Entrevistadora: Muchísimas gracias por esa entrevista. Y gracias también por contarnos sobre tu historia personal.
Magdalena: Bueno, muchas gracias a ti.