Testimonio de Magali Eugenia Retamales
Entrevista y transcripción: Catalina Andaur y María Jesús Ríos
Este relato es parte de una serie de entrevistas realizadas en el curso «Historias de los terremotos de Chile», dictado en la Universidad de Los Andes.
Mi vida en marzo de 1985, estaba casada con una hija de 3 años, trabajaba en la casa Soinca Bata de Melipilla. Vivía en Arza 878 en una casa de adobe con mi hija, mi marido y mi madre. En esos días como familia solo queríamos trabajar, surgir y salir adelante.
Le teníamos mucho terror a los terremotos, ya que es un país que siempre ha estado temblando. Siempre estábamos alerta por los terremotos, nos organizábamos guardando comida, agua e iluminación para resguardarnos.
El 3 de marzo, el día exacto del sismo, nos estábamos preparando para salir de paseo, llevar a la niña a la plaza, mi mamá está descansando, cuando vino el remezón nos asustamos demasiado, tratando de hacer todo a la vez, rápido, sacar a mi mama de la pieza, también se nos cayó una gran parte de la casa, y ahí me descontrole con los nervios. En ese momento sentí que nos íbamos a morir, que la casa se iba a caer completamente, como dije mi mama estaba dentro, la sacamos y en un segundo se vino encima el techo de su pieza, reaccionamos más que nada llorando, abrazándonos con mi madre, mi marido y mi hija en el patio de la casa, rogando que todo pasara. Ya hablando más de sonidos que recuerdo de ese día son del piso de tierra, el rompimiento de las paredes y las luces.
Mi mayor prioridad cuando pasó todo fue asegurarnos con las cosas dentro de la casa, cortar la luz, y todo eso pero manteniendo cuidado porque había peligro de derrumbe en nuestra casa, luego llegó mi hermano que vivía a dos cuadras de la casa. Con la demás familia no nos podíamos comunicar, fue bastante complicado porque en ese entonces no habían celulares como ahora, no sabíamos qué estaba pasando con nadie, solo esperábamos que todo pasara para poder ir a visitar a los cercanos, toda mi familia estaba distribuida en la ciudad exceptuando a mi familia de hogar. Cuando salimos el entorno que nos encontramos fue ver todo en el piso, muchas casas derrumbadas, gente afuera de sus casas mirando como todo se caía. No había casi nada de servicios básicos porque estaba todo el techo que se cayó encima de muchas pertenencias nuestras, no había luz ni nada, posterior al terremoto comenzaron a llegar donaciones, tuvimos mucha ayuda a nivel de municipalidad tanto como con personas que venían de afuera, en ese entonces dormíamos en una carpa en el patio de la casa.
Nos informamos del alrededor a través de la radio portátil que teníamos, pero de todas formas ya veíamos que había sido algo nacionalmente muy fuerte porque se sintió muy fuerte y posterior nos enteramos que el epicentro había sido en el mar frente a Algarrobo que queda a 1 hora aproximadamente de Melipilla.
Mi forma de ver la vida, la verdad no veo cómo cambió en el tiempo, porque si yo ya le tenía terror a los terremotos, hoy le tengo más terror, en cuanto a lo material no me puedo quejar, porque hoy en día recuperé gran parte de la pérdida.” Desde mi perspectiva siento que el impacto fue fuerte porque la ciudad quedó en el suelo pero eso ayudó mucho a que las construcciones hoy en día, sean mejor.
Hoy después de tantos años el recuerdo que más conservo es el de todas las familias reunidas, viendo como se derrumban nuestras casas, como sociedad siento que la lección que nos dejó fue mejorar las medidas preventivas ante grandes desastres.