Testimonio de Alejandra Troncoso
Entrevista y transcripción: Magdalena Diez, Florencia Lim e Isabella Paretti
Este relato es parte de una serie de entrevistas realizadas en el curso «Historias de los terremotos de Chile», dictado en la Universidad de Los Andes.
E: ¿Usted nos daría permiso para grabar la entrevista?
Por supuesto. Muchas gracias.
E: ¿Le emociona?
Sí.
E: Ya, mire, la idea es que usted nos hable sobre lo que vivió en el terremoto de 1985. La Marti (contexto: hija de la A: y nuestra compañera) nos comentaba que usted lo recuerda bien, al igual que su abuela, si no me equivoco.
Sí, lo que pasa es que yo para el terremoto del 85 tenía 12.
E: ¿Y usted dónde vivía en ese momento?
Nosotros vivíamos en Rancagua, pero ese… para el terremoto que fue el 5 de marzo, nosotros estábamos de vacaciones en Pichilemu.
E: Ah, chuta. ¿Cerca de la costa?
En la costa, en Pichilemu.
E: Chuta. ¿Y estaba con su familia?
Claro, estábamos con la familia de la hermana de mi papá y nosotros. ¿Ya? Y ese día habíamos ido nosotros a una playa hacia Bucalemu, digamos hacia el sur de Pichilemu. Estuvimos toda la tarde ahí y cuando llegamos empezó el temblor. Y nosotros nos estábamos quedando en una casa que era de… ay, antigua, de adobe. No sé si ustedes lo conocen, que son como esos ladrillos de barro. Sí, mi casa, acá es la de mi abuela, es de adobe. Ya, entonces era súper fuerte, todo se quebraba, todo se caía. Las abuelitas de ese momento estaban todas de rodillas rezando. Entonces, claro, uno como niña era todo, todo, demasiado, mucha magnitud, mucho miedo, mucho. Impresionante. Muy claro. Y nosotros justo estábamos en una calle que dos cuadras más arriba de donde nosotros estábamos estaba el cine que había en ese momento en Pichilemu, no sé si seguirá ahora. Y en ese momento estaban dando la matinée, que llamaban antes, que daban películas en la tarde. Entonces, como hubo mucha gente que estaba en las iglesias y se cayeron muchas cosas, esa vez también pasó que hubo muchos accidentados las personas que estaban en el cine.
Y nosotros somos dos hermanas, yo que soy nueve años mayor que mi hermana y mi hermana estaba, Claudia tenía tres años y se nos perdió. Y en el tumulto de gente la encontramos y nosotros cuando estábamos en una altura y hacia abajo estaban los juegos, que lo típico que en la playa la gente va a los juegos y empezó a salir agua de abajo, había un ojo de mar. ¡Ay, ¡qué terrible! Entonces yo me acuerdo esa noche, Ponte tú, todos dormimos lo que pudimos dormir, con ropa, acá a Réplica todo el mundo arrancaba y logramos venirnos de Pichilemu a Rancagua, un viaje que bueno ahora son dos horas y media, antiguamente era por los caminos y todo, eran tres horas. A las 10 de la mañana llegamos a las 8 de la noche, porque la carretera destruida, colapsada, no había la cantidad de vehículos que hay ahora, por supuesto.
E: ¿Y antes del terremoto escuchó algún sonido algunos días antes o algún temblor?
No, no fue como el del 2010, que fue como que primero fue un ruido, Ponte tú, no sé si ustedes se acuerdan del 2010, estaban chicas abajo. Primero fue un ruido y mucha tierra, acá no, fue como que el aire se secó y yo me acuerdo que alguien dijo hoy no vaya a temblar, porque como que corría viento y de repente como que todo quedó en stand-by.
E: ¿Y qué fue lo primero que pensó así, ¿que ocurrió?
Mucho miedo y de ahí que yo le tenía mucho miedo a los temblores, yo era chica, tenía 12 años y tú sientes la quebrazón y el griterío y las viejitas rezando y que se iba a desmantelar el mundo y todas esas cuestiones, pero fue súper complicado. Y claro, mi papá con mi mamá, ¿qué pensaban? Que íbamos a llegar a la casa e iba a estar en el suelo, pero aparte de caerse muebles y cosas así, no fue nada más. No fue tan terrible.
E: ¿Y antes de este terremoto había estado en otro?
No, porque cuando yo era chica vivía en España y nosotros llegamos el 81 a Chile y yo nunca había presenciado un temblor. Fue como mi primera experiencia, un poquito too much. Bienvenida a Chile.
E: ¿A qué hora fue el terremoto?, ¿Y en esa época eso ya se estaba oscureciendo o seguía muy de día?
Fue como entre las 6 y media y las 7 de la tarde. No, pues era marzo todavía, todavía no cambiaba la hora. Era verano prácticamente. Porque antes a los colegios uno entraba como a la quincena de marzo. Y entonces nosotros estábamos, yo me atrevo a decir que era como el último fin de semana, porque fue día domingo, el último fin de semana de vacaciones, por decir. Por eso yo les comentaba a usted que hubo mucha destrucción y mucha herida y mucha cosa en los cines, en las iglesias, porque era hora de misa.
E: ¿Y en algún momento usted sintió miedo por su vida o por la de otros, que el mundo se iba a acabar?
Casi, prácticamente sí, porque la réplica era muy fuerte, muy fuerte y la casa que nosotros estábamos, cada rato como que las paredes se partían más.
E: ¿Qué hizo en ese momento como para protegerse?
No, pues nosotros estábamos como acostados, como que íbamos a dormir, pero empezaba a temblar y uno se paraba y salía a la calle al tiro. Y ponte tú, yo me acuerdo que muchas, muchas personas se fueron a la orilla del mar pensando, porque todos comentaban que el mar se había recogido, entonces como esperando que pasara algo más. Y me acuerdo que mi papá con un primo grande que nosotros teníamos se fueron en la moto y se quedaron toda la noche en la costanera.
E: ¿Hubo como vecinos o personas que ayudaban a las otras? ¿Otras personas o ustedes?
Claro, lo que pasa es que como era época estival de vacaciones, todos se conocían, entonces era como ¿Que necesitan? Porque obviamente no había agua, no había nada. Las cosas que quedaron fue lo que uno tenía en la casa en ese momento y ya está.
E: ¿Y se podía comunicar con sus amigos, familia, primos?
No, pues cariño, porque en ese tiempo había solamente teléfonos de casa. Estamos hablando de hace 40 años atrás, yo tenía dos hijos.
E: Y en ese momento ¿Hubo alguien o algo que para usted simbolizara calma o como paz en medio de la crisis? ¿Alguien que liderara un poco la situación caótica que había?
No, no, porque yo creo que un poco más mi papá, que se daba vueltas, que nos tranquilizaba en el hecho de que no se daba una vuelta, veía el mar y volvía a avisarnos. Pero mi mamá, que era la que estaba a cargo de nosotros, era la primera que arrancaba. Y también en ese momento hay mucho mito o mucha parte folclórica de lo que la gente piensa. Por ejemplo, había gente que decía hoy están corriendo los caballos, va a empezar a temblar y se ponía a temblar. Será coincidencia, lo que sea, pero son cosas que la gente de campo cree en eso.
E: ¿Y recuerda alguna otra creencia que tenía la gente? Porque bueno, se suele asociar a, bueno, hoy en día es como ya, Chile es un país sísmico y claro, las placas tectónicas y el tema, pero antiguamente se asociaba mucho con el tema de las religiones. Y la naturaleza.
Claro. Por ejemplo, cuando los caballos se ponían a correr, conté tú. Lo otro es que se recogía el mar, entonces ellos esperaban como un tsunami, pero ellos les llamaban que el mar viniera de vuelta, porque en ese tiempo no había tanta información. Pero eso sí, al otro día nosotros cuando amaneció fuimos a darle una vuelta y claro, el mar estaba bien, bien adentro. Y en esa época no tenía, bueno, sé que estaban de vacaciones, así que no sé si estaban con perros, por ejemplo, o con algún animal que perciba. Los perros de los vecinos se escondieron. Antes del temblor los perros se escondieron debajo de las camas. Ya. Sí, ellos sienten todo. Sí, ellos perciben. Por eso yo también creo en lo que ellos decían de los caballos.
E: Claro. Y volviendo al tema de la comunicación, ¿tuvo que esperar algún tiempo para poder volver como a los teléfonos de ese momento?
Como les digo, nosotros nos vinimos como a las 09:00, 10:00 de la mañana de Pichilemu a Rancagua y sin saber de nadie, porque los teléfonos no funcionaban, no había luz, por supuesto. Sí había agua cuando llegamos a Rancagua, pero no había luz. Y en ese tiempo tuvimos que llegar a la casa e ir a la casa de las otras familias para saber cómo estaban, porqué comunicación no había.
E: Claro.
Claro, ahora está el celular. Claro. Uno se comunica con los celulares. Y aun así, o sea, para el 85 no había celulares, imagínense ustedes para el 2010 que había celulares, había internet y muchas cosas y quedamos desconectados total.
E: Claro. ¿Y cuando llegó a Rancagua vio que estaba todo intacto o había casas derrumbadas?
O sea, estaba todo en el suelo, se suspendieron obviamente las clases, no, porque había mucho.
El colegio que yo estudiaba se cayó entero. Quizás. Entonces tuvieron que esperar a que sacaran esos escombros y empezar a armar como como salas de emergencia, como como mediaguas, por decirlo de alguna manera. Y ahí empezar a armar los cursos y de acuerdo a las casas, que salas que se iban armando, íbamos entrando por cursos.
E: ¿Y estuvo algún periodo de tiempo sin poder estudiar, por ejemplo?
Mira, yo creo que por lo menos un par de semanas estuvimos en eso.
E: ¿Y cómo usted me describiría los días que siguieron después del terremoto o cuánto tiempo se demoró todo en volver a la normalidad?
O sea, fue hace harto tiempo, pero fue un tema más como de. Cómo volver a la normalidad en poco, ya un par de semanas. Pero ponte tú. A mí personalmente me pasó que me salieron unas heridas en la piel que en que en ese tiempo lo la gente de campo lo lo lo. Le decía que era porque al abrirse la tierra salía el azufre. Y que también es herida. Que eran como igual que si yo hubiera tenido un cachete de la cara quemado, como en quemadura de tercer grado. Y hubo varias personas, pero yo les hablo desde ese momento de ignorancia de lo que decían. Ahora puede haber sido una situación.
E: Ahora tú lo puedes asemejar que fue una situación de estrés terrible que te puede haber dado. Se somatizó de esa manera. Puede ser.
Claro, pero en ese momento, volviendo al tema de 40 años atrás, la gente tenía otras creencias, otra información. Y se confiaba también en el resto.
E: ¿Qué enseñanza le dejó este terremoto a su familia, a usted?
Mira, yo con el tiempo aprendí por lo menos al arrancar. Ya a tomar lo que es parte de lo que me pasó por el terremoto del 2010. Tú veías que se estaba cayendo el mundo y yo, que estaban las niñas chicas, las tres. Y yo les decía, no se preocupen, se va a parar. Y la cuestión no paraba, no paraba. Y yo, calma, tranquila, se está parando, se está parando. Y la luna se movía así. Te va dejando eso.
E: Lógico, uno se asusta porque te pilla desprevenida. Pero, aun así, ya con el tiempo uno aprende a manejarlo mejor.
A:Sí, también porque Chile ya tiene historia de terremotos. Y aparte que después se nos vino el del 2010, que fue más fuerte. El otro fue 7,8. El del 85 y ahora fue 8,8, son un punto más.
E: ¿Y usted cree que esta situación que ustedes vivieron como familia, ustedes la han vuelto a hablar o la recuerdan como un trauma o como solamente una anécdota que pasó?
No, es como la conversación de que, no sé, ¿te acuerdas que hicimos tal cosa? Mi papá está fallecido. ¿Te acuerdas que tu papá fue en la moto y después vinimos como en caravana? Entonces la vuelta hacia Rancagua, mi papá se vino en la moto antes con un primo y como que paraba cada cierto tiempo y nos esperaba para pasar en el auto.
Y en ese tiempo en el auto nos vinimos 3, 4, 5, 6, 7 personas. Chuta. Porque no había locomoción, no tenías otra forma de llegar. Y la moto mucho más rápida también. Claro, y era de esas motos chicas, entonces era como avanzar y esperar porque tampoco… ¿Cómo decirle, mira, está bien? Esperar nomás. Esperar nomás, claro. En ese momento era lo que se podía manejar. Claro. Pero después llegar y juntarnos como familia y ver qué se tenía, cómo ver ya en la semana, cómo tener mercadería, alimentos y todas esas cosas para poder moverte.
Cómo sobrellevar la semana. Bencina, todo eso. Claro.
E: ¿Y usted nota una diferencia en el comportamiento de la gente en los terremotos de antes y los terremotos de ahora?
Sí, sí. O sea, comparando el del 85 con el 2010, la gente, claro, tuvo un poquito más de cultura. Ahora hubo un tsunami, hubo muchas cosas y mucha desconexión también en el 2010 que nadie supo.
Pero yo considero que sí la gente la toma de otra manera. De hecho, los memes que hay, es verdad. O sea, yo tengo un primo que vive en España y, no sé, la otra vez hablaban de un terremoto grado 5 en Valencia. No es nada. Para nosotros no es nada. Y Francisco decía, oye, que le ponen color. Claro, pero se cayeron edificios, se derrumbaron casas, porque son lugares que no están acostumbrados.
E: Sí. ¿Y usted cree que las normas antisísmicas y, bueno, al momento de construir casas o edificios, por ejemplo, ayudaron a calmar un poco el comportamiento de la gente frente a temblores o terremotos?
O sea, si comparamos 40 años atrás, no había tampoco tanta edificación como había en el 2010. No nos podemos olvidar que en Concepción en el 2010 se cayeron dos edificios. Se partieron y todo eso. Ahora, en el 85 tú también tenías muchas casas de adobe, que tienen paredes gruesas, por lo tanto, se partían, había mucha gente atrapada. Era otra construcción. Muy rígida también. Muy rígida también. Hasta los techos son más gruesos.
E: Entonces, ¿qué pasaba?
Lo primero que te enseñaban era arrancar. Y ahora tú sabes que, por ejemplo, en una casa de dos pisos es más seguro quedarse en el segundo piso que bajar.
E: Claro. Salir es más peligroso que quedarse.
Sí, porque en las calles uno nunca sabe si se cae un poste de luz. Claro, y tanto cable que hay, es más peligroso. Pero son cosas que se han ido aprendiendo en el tiempo y causa-efecto. Desgraciadamente se ha aprendido así.
E: Es verdad. ¿Usted cree que hay una mejoría en la preparación o en las construcciones actualmente para ese tipo de situaciones como los terremotos? A comparación del terremoto que vivió.
Sí, yo creo que sí. Por ejemplo, en la casa de dos pisos, la construcción de abajo es sólida, pero arriba es metal. Esa cuestión es muy liviana. Te permite ir en el movimiento del temblor. Son más estructuras metálicas que el fierro. Se moldea y toma el movimiento del sismo. Ah, claro.
E: ¿Hay algún sonido, alguna imagen, algún objeto que usted asocia al terremoto del 85? Aparte de la playa, algo que usted se haya fijado y haya dicho como que le llamó la atención.
Esa sensación de que tú sientes que se te seca el aire. Enfrente de la cara, como que te ponen una puerta.
E: Ya. Guau, me llama la atención que se acuerde de eso. ¿Qué le ha pasado?
Por ejemplo, hace un par de meses hubo un temblor muy fuerte. Yo estaba en la clínica, veníamos saliendo con una paciente del ascensor al pasillo. A mí se me seca y yo miro a la niña con que venía y le digo, oye, va a temblar. Y quedamos ahí y se pone a temblar. Es como una forma de, no sé, presentimiento, darte cuenta, no sé. Quizás uno ahora le pone más atención a las señales, al clima. Una nueva técnica.
E: ¿Usted cómo trabaja en la clínica?
Sí.
E: Bueno, asumo que hay algún protocolo a seguir en caso de terremotos, sismos. ¿Qué se hace en esos casos cuando ya es un terremoto, un sismo bien fuerte?
Mira, nosotros por lo menos cada seis meses hacemos un simulacro de incendio y sismo. Las pacientes que están en cama no se pueden mover porque tú no puedes bajar por el ascensor. Pero la idea es las guagüitas, sacarlas. Por ejemplo, poner dos por cuna, en caso que tuviéramos muchas. Y las mamás que ya se levantan después de la cesárea o de la cirugía, que logren bajar los tres pisos por escalera.
E: Ya, perfecto. Pero generalmente es evacuación, quedarnos arriba, ¿no? Porque es muy raro que uno tenga pacientes tan movilizados.
Claro, ¿qué más pueden hacer al final?
E: ¿Y usted trabaja en un piso muy alto?
En el tercer piso.
E: ¿Más terrible sería si fuera en el 10, en el 22?
Claro, porque mientras más arriba, más movimiento. Más se nota.
E: ¿Y usted cree que estos terremotos han marcado una identidad nacional chilena? ¿Cómo cree que ha influido?
Claro, porque en el fondo, mira, entre un terremoto y otro, se ha logrado conversar. Ya la gente tiene el hábito, por ejemplo, muchos de armar este kit de emergencia o tomar las precauciones. De estar como más al pendiente. O sea, cosas tan básicas como que ya la mayoría se preocupa de mantener el vehículo con más benzina, por ejemplo. En caso de que te tengas que movilizar. Algo que para los chilenos puede ser muy básico, para alguien que viene de afuera puede ser como, no tenía idea. O sea, claro.
E: ¿Usted recuerda cómo reaccionaron los medios de comunicación en ese entonces?
Había televisión y telefonía fija.
E: ¿No tenían radios?
No tengo recuerdo. Radio, la radio era la que más te informaba. Porque estaban los radios, las personas que hacen radio de frecuencia, se conectaban y había más información y más conexión por la radio.
E: Ya. Perfecto.
¿Algo más que quieran preguntar, chiquillas? Revisen la pauta, en una de esas se les queda algo en el tintero.
E: ¿Algún consejo, algo que les diría a las generaciones de ahora que no vivieron el terremoto como consejo o algo?
De mantener la calma, porque claro, con el tiempo han sido más fuertes y más largos. Es verdad. Y se dice que vino un mega terremoto también. Y la información que tú estás recibiendo todo el día, entonces claro, la gente a veces piensa que es un temblor y ya están esperando que esta cuestión siga y siga y siga. Porque al final, claro, los medios y el exceso de información a veces más te asustan que te enseña y te prepara justamente.
E: Bueno, tía, ¿hay algo que usted quiera agregar, algo que se acuerde, que quiera mencionar?
No, mira, de la descripción que les conté, chiquillas, pero no me acuerdo más que eso. Pero en el fondo, claro, con 12 años, una primera experiencia de un terremoto, es como el ruido, el miedo de escuchar tanto, tanto grito, que fue lo que no pasó en el 2010, porque también fue a medianoche, la gente estaba casi todas sus casas, pero acá fue a las 7 de la tarde, un domingo, que la gente sigue funcionando porque son vacaciones, entonces uno sentía el correr de la gente, gritando, arrancando, y como te digo, los trozos de muralla que caían, es complicado.
E: Sí, qué terrible. Sí.