Testimonio Carolina Bannen
Entrevista y transcripción: Amelia Laval y Emilia von Moldoványi
Este relato es parte de una serie de entrevistas realizadas en el curso «Historias de los terremotos de Chile», dictado en la Universidad de Los Andes.
Hola me llamo Carolina Bannen y nací en 1971. Crecí en una época en la que el país vivía muchos cambios, pero también momentos que nos marcaron profundamente; uno de ellos fue el terremoto de 1985, el cual me tocó vivirlo cuando yo era adolescente (14 años) y dejó una huella muy importante en mí. Como madre de 3 hijos he vuelto a esas vivencias para entender cómo nos formamos a partir de lo que nos toca vivir en la vida y así también como aprendemos a sostenernos unos a otros en medio de una incertidumbre como lo es un terremoto. Me gustaría compartir cómo viví ese momento y qué recuerdos tengo, así como también de qué manera influyó en mi vida y la visión que tengo ahora acerca de estas cosas.
Cuando fue el terremoto de 1985 yo tenía 14 años, estaba en plena adolescencia. Yo vivía en Santiago pero el día del terremoto me encontraba en Santo Domingo (epicentro del terremoto), lugar donde yo veraneaba. El terremoto ocurrió a finales del verano (03 de Marzo) y las 2 semanas previas a este día, había temblado mucho. Me acuerdo que en esos días que temblaba, la gente que estaba en la playa tomando sol o simplemente disfrutando, al minuto del sismo agarraba sus cosas y corría para alejarse del mar.
El terremoto ocurrió a la hora de la puesta del sol (19:47 hrs). Con mis amigos a esa edad teníamos mototriciclos, con los cuales íbamos siempre a andar a la playa a la hora de la puesta del sol. En el minuto del terremoto yo me encontraba con mis amigos en el garaje donde se guardaban las motos, intentando prenderlas, y cuando comenzó el movimiento todos pensábamos que eran las motos quienes se empezaban a prender y generar el movimiento. Cuando nos dimos cuenta que el movimiento era mucho más fuerte y no eran las motos, salimos a la calle en donde vimos los autos estacionados moviéndose de un lado a otro, era todo impactante, fue ahí donde me di cuenta que este no era un temblor más de los tantos que hubo, sino que esto era un terremoto. Era tanto así que en la casa del amigo que estábamos donde guardábamos las motos, él salió a ver cómo estaban sus papás los cuales estaban haciendo un asado y por suerte él no se había sacado el casco ya que un vidrio se reventó justo cuando él pasó por ahí pero no le pasó nada debido a que tenía el casco puesto. También la casa del frente de la que estábamos se cayó completamente y se escuchaban gritos de personas pidiendo auxilio debido a que estaban atrapadas debajo de los escombros. Pero lejos lo más impactante fue haber visto cómo se cayó el puente que unía Tejas Verdes con Santo Domingo el cual se partió en 3 partes, dejándonos completamente aislados. Fue algo verdaderamente muy trágico.
Lo primero que sentí luego del movimiento fue preocupación y miedo, especialmente por mis abuelos, debido a que me estaba quedando en la casa de ellos en Santo Domingo. Lo primero que quería hacer era ir a su casa pero nadie se atrevía a moverse porque podría haber empezado a temblar de nuevo. Luego cuando ya supe que era seguro salir, me fui a la casa de mis abuelos y era todo realmente impresionante; los muebles dados vuelta, la chimenea completamente rota y todo se había caído, fue realmente muy fuerte el terremoto pero gracias a Dios ellos estaban bien aunque un poco asustados lo que era completamente normal.
El riesgo de estar en un balneario o cerca de la playa al minuto de un terremoto lo aprendí en ese momento, aprendí que al momento de cualquier sismo fuerte o terremoto, hay que arrancar de la orilla del mar. De hecho, la noche del terremoto dormimos con mucha gente en las parcelas, las cuales se encontraban en la parte más alta de Santo Domingo. Hicimos una fogata gigante rodeada de autos haciendo un círculo para estar protegidos y no estar cerca del mar. A mí personalmente me impresionó la cantidad de gente que murió ahogada en el terremoto del 2010 por no tener la cultura sísmica de escapar del mar cuando ocurre un terremoto tan grande, ya que aquí todos agarramos nuestras cosas y subimos a lo más alto de Santo Domingo aunque no estuviera nada señalizado con vías de evacuación o zonas seguras como lo es hoy en día, y aunque en el terremoto de 1985 no hubo ningún tsunami en Santo Domingo, todos estábamos conscientes de que teníamos que escapar del mar, por lo que a la hora estábamos todos arriba en las parcelas protegidos.
La primera imagen que se me viene a la cabeza cuando pienso en este terremoto, es completamente el derrumbe del Puente Lo Gallardo del cual hablé anteriormente, fue muy impactante ver cómo se caía debido a que en la casa del amigo en el que estábamos al minuto del terremoto tenía vista hacia eso precisamente. Yo lo único que quería con el paso de las horas era devolverme a Santiago para estar con mis papás pero como dije anteriormente, el derrumbe de este puente significó el haber quedado aislados ya que en ese tiempo no existía el “camino de las frutas” que es la otra alternativa para irse a Santiago actualmente. Gracias a Dios el tío de una amiga era militar y comenzaron a poner unos puentes mecanos para poder cruzar el río y gracias a este tío de mi amiga tuvimos prioridad para poder pasar y devolvernos a Santiago.
El mayor gesto de solidaridad que recuerdo de ese momento, fue el habernos ido todos los que estábamos en Santo Domingo a las parcelas y cuidarnos entre todos; compartir la comida con todos, especialmente con los que no tenían nada, también compartir los autos para poder dormir y pasar la noche dentro de ellos. Te diría que esto fue la parte “entretenida”, ya que estábamos todos en la misma situación y fue muy gratificante ver cómo todos se apoyaban mutuamente. Otro gesto que también recuerdo fue haber ido con mis amigos a ayudar a la gente que se había quedado atrapada bajo los escombros de los derrumbes de algunas casas, las cuales gritaban pidiendo auxilio.
Luego del terremoto fue un periodo muy triste debido a que mucha gente quedó traumada y muy asustada. La gente que vivía en el campo tenía casas de adobe las cuales se cayeron completamente, quedando muchas familias sin hogar, fue un periodo muy difícil de reconstrucción. Fueron tiempos de mucha incertidumbre debido a que la gente estaba todo el rato con temor esperando a que llegara el próximo terremoto.
Si pudiera hablar con mi yo de 1985, le diría que lo hizo fantástico. Aprendí muchas lecciones y además estuve rodeada con la gente correcta en ese minuto, la cual reaccionó de manera adecuada sirviéndome como ejemplo para aprender a tomar decisiones en este tipo de situaciones en el futuro, como lo fue en el terremoto del 2010 donde yo ya era madre y tenía 3 hijos muy chicos. Como anécdota, me acuerdo que me daban pánico los temblores y/o terremotos porque mi abuela se ponía a rezar en voz alta, lo cual me generaba pánico porque era como si se fuese a acabar el mundo. Lo chistoso es que para el terremoto del 2010 yo tenía tanto miedo que agarré a uno de mis hijos, lo abracé y empecé a rezar en voz alta tal cual como lo hacía mi abuela.
El terremoto de 1985 lo considero como un punto de aprendizaje; de lo que es un terremoto, qué es lo que hay que hacer ante estas situaciones, también de cómo aprender a manejar y controlar ese miedo que todos sentimos ante estos desastres naturales. Ahora, el miedo es distinto cuando eres una adolescente a cuando eres madre, ya que cuando uno es mamá uno se preocupa mucho más de los hijos antes que uno mismo. Para mí, el haber vivido el terremoto del 1985 me entregó mucha más cultura sísmica de lo que me pudiesen haber enseñado y advertido en el colegio o familiares y amigos.