Remezón en La Florida
Paola Ortiz, 49 años
Recuerdo muy bien ese día domingo. Yo tenía nueve años, y con mi hermana mayor veníamos de vuelta a la casa después de visitar a una amiga. Íbamos caminando rápido, ya que pronto serían las 20:00 hrs. y nos podían llamar la atención en la casa si llegábamos más tarde.
Entre casi correr por la Plaza de Los Palos, en La Florida, vimos que los vecinos, que a esa hora estaban jugando un partido de fútbol, empezaron de pronto a correr fuera de la cancha, como si estuvieran arrancando. Fue en ese momento que detuvimos la marcha con mi hermana y empezamos a sentir el temblor… Nos paralizamos y nos abrazamos. Mientras estábamos abrazadas, en medio de la plaza, pude ver cómo se balanceaban los postes de luz, algunas personas que corrían desesperadas se caían con el movimiento, empezó a levantarse mucho polvo y se sentían gritos de las personas cercanas.
Por mi parte, yo lloraba y lloraba abrazada a mi hermana y decía sollozando “se va a acabar el mundo, se va a acabar el mundo…” Ella me consolaba, pero ambas estábamos muy asustadas.
Cuando por fin terminó el terremoto, nos fuimos corriendo a la casa que estaba a un par de cuadras. La vecina del lado estaba abrazada a su árbol del antejardín, junto a su esposo y su hija. Eso me impresionó. Al entrar a mi casa veo a mi papá con una bacinica en una mano y con la otra estaba sujetando la tele. En el piso había muchos adornos rotos; loza, libros caídos, vidrios rotos y una pandereta del patio derrumbada. Después supe que casi le cayó encima a otro hermano que arrancó del susto al patio… En fin, todo era caótico.
Esa noche recuerdo que con mi familia dormimos todos vestidos con ropa de calle, y encima de la cama por si se repetía otro temblor o terremoto. Muchos vecinos decidieron dormir en la calle… eran otros tiempos. Ese fue el primer terremoto que sentí a mi corta edad. Luego, y con el correr de los años, sentiría otros más en mi querido Santiago.