Los terremotos en mi vida
Sergio Campos
Hace 65 años cuando bramó la tierra
En mi vida hay 3 terremotos que marcan mi existencia. El de Valdivia de 1960.
Eran pasadas las 3 de la tarde de domingo 22 de mayo de 1960. Estábamos jugando en la plaza de Armas en Rengo con un grupo de amigos en un día hermoso de sol. Todos de la calle Condell, con once años de edad. Fue como acabo de mundo. AL principio nos reímos y después nos dio pánico cuando vimos mujeres mayores arrodilladas frente a los añosos árboles, golpeándose en el pecho con fuerza y mirando al cielo, como pidiendo perdón. Esto es un castigo del Señor exclamaban con fervor. NO era para menos. 9,5 en Richter dice el registro (XII Mercalli, Extremo), el más grande anotado en historia humana, con tsunami incluido.
Fueron 10 minutos eternos de pavor.
De aquel momento han pasado 65 años. (Con maremoto en el Pacífico incluido) Para la memoria: En centro de Chile anotó 2 millones de damnificados y unas 2.000 muertes.
El terrorismo de la naturaleza de 1985
En febrero de 1985 estábamos de vacaciones con mi familia en el litoral de los poetas. Fue intenso no solo por la alegría de vivir el verano. Una cadena de sismos nos acompañó diariamente, agitando las arenas playeras y la costa durante las noches. Resistimos hasta el viernes 1 de marzo y decidimos regresar a Santiago. El lunes 4 debía volver al trabajo como Conductor del Diario de Cooperativa en la comuna de Providencia. Eran tiempos de dictadura y la complejidad de informar estaba marcada desde la censura hasta el secuestro y la muerte de quienes ejercían la tarea de dar cuenta de la realidad, más allá del periodismo obsecuente que recogía solo las informaciones del oficialismo civil militar.
En ese entonces vivía en Ñuñoa y en el barrio unos compadres nos invitaron a la once con helados para capear el calor de la última etapa del verano. Eran las siete y media de tarde y decido ir al nuestro departamento, vecino a la casa de donde estábamos. Quería revisar las revistas APSI, Análisis, Cauce y HOY. Había buen ambiente, así que me quedé en la ventana del jardín comentando parte de las vacaciones. Faltaban pocos minutos para las ocho de la tarde y comienza el temblor con una fuerza inusitada. Lo primero que hice fue decirle a mi familia que se quedarán con los anfitriones y corrí en medio del terremoto a buscar el auto para dirigirme a la radio Cooperativa, en la calle Antonio Bellet en Providencia. En medio del caos de postes de luz que “bailaban” al ritmo de las ondas telúricas y con un pavimento que parecía de cartón, partí de la plaza Ñuñoa y me tocó “la suerte” de un incendio en Antonio Varas con Eliodoro Yáñez. Digo suerte, porque las compañías de bomberos de Ñuñoa, salieron raudamente ante el llamado de comandancia, y yo aproveché de “colarme” detrás de los carros bomberiles.
En un santiamén fui el primero en llegar a la Radio Cooperativa, acompañado de Lucho Ajenjo, gerente general, para poner la radio en el aire y cumplir con la misión de informar a Chile, del terremoto cuyo epicentro estuvo en la costa de la Región de Valparaíso con una magnitud de 8.0 Mw. (EN MERCALLI IX, descrito como violento). Fueron casi 5 minutos muy intensos y con réplicas durante toda la noche.
La tarea informativa: detectar el área impactada por el mega sismo. En ese tiempo no había celulares ni comunicación digital como hoy día. A puro telefonazo y con los radioaficionado logramos circunscribir el territorio a Coquimbo, Valparaíso, Región Metropolitana, O’Higgins, El Maule y en menor medida Bío Bío.
Fue un a larga jornada reportando con nuestros periodistas y corresponsales durante muchas horas sin parar. Recibiendo llamadas de todo el país, de medios de comunicación de todo el mundo y de familiares que querían saber de sus seres queridos.
Resultó extenuante vivir cada minuto con réplicas que nos hacían que vendría otro remezón tan fuerte como el primero.
Lo curioso: las autoridades del gobierno civil militar, reaccionaron tardíamente y tenían menos información que la radio Cooperativa.
La misión nuestra estuvo marcada por determinar el área del sismo, dar cuenta de los daños provocados como derrumbes de viviendas, caída de puentes, cortes de luz, orientar a la población acerca de cómo protegerse, trasmitir los mensajes telefónicos de la audiencia que nos seguía mediante radios portátiles y los receptores de los automóviles.
Recién a las 7 de la tarde del lunes 4 de marzo de 1985 volví a mi reencontrarme con mi familia. Aunque no lo crean. Me costó mucho conciliar el sueño.
La historia dice que hubo 178 muertos y casi 2.600 heridos, con un millón de damnificados que perdieron sus viviendas y sus enseres.
Terremoto 2010: hace 15 años. Esa es otra historia.