Labores de rescate en el Hospital de Juárez

Dr. José Conde Mercado, 74 años.

19 de septiembre de 1985. En unos cuantos segundos, el Hospital Juárez de México perdió no solamente la estructura de una torre de once pisos, sino cerca de 700 vidas, tanto de pacientes y, en particular, de personal del hospital. Esta ha sido la tragedia más grande que ha ocurrido en su historia, que abarca más de 17 décadas.

Después de enfrentar la tragedia, y sabiendo que había mucho que realizar, por indicaciones del director del hospital fui nombrado como coordinador del rescate que realizamos, hasta donde era posible y con los escasos recursos con los que contábamos, sobre todo en el servicio de urgencias, que no fue dañado. Por eso agradezco infinitamente todo el apoyo que recibimos por parte de los hospitales públicos, hospitales privados, de los Institutos Nacionales de Salud y, en particular, de los elementos de la Marina de México como de los grupos de rescate, tanto los Topos mexicanos como el personal que fue enviado posteriormente por Suiza y Francia para ser asignados al hospital. Afortunadamente, se pudieron rescatar algunas personas con vida, inclusive está la situación de los nueve niños que sobrevivieron durante una semana sin ningún tipo de cuidado, en una especie de incubadora artificial hecha en los escombros.

Se tuvieron que realizar muchas diligencias, como la identificación de los cadáveres, tratando de tener la certeza de que estaban correctamente identificados, que se habían registrado y, sobre todo, crear la morgue. Trabajamos hasta 21 días después que se dieron por terminadas las tareas del rescate, que ya eran prácticamente solo de cadáveres.

Dentro de las malas noticias, se tenía el hecho de que el gobierno ante la magnitud de la tragedia y los gastos que se le vendrían en el futuro, consideraron desaparecer al Hospital de Juárez y el Hospital General de México, dos de los más importantes de la capital. Sin embargo, la presión pública, y sobre todo el apoyo tan grande del Banco Interamericano de Desarrollo y de la Organización Panamericana de la Salud, logramos que se estableciera un plan para reconstruir el hospital, que pudimos inaugurar el 19 de septiembre de 1989. Esta fue la parte positiva después de la tragedia, porque el hospital creció tanto en estructura como en servicios, logrando mantenerse durante 178 años al servicio de la salud de los mexicanos.