Hola.
Hola.
Soy Antonella y venimos a preguntarle ¿cómo fue lo sucedido en el terremoto de 1985?
En 1985, ya, mire, fue una experiencia terrible. Porque el epicentro fue en San Antonio… hasta Algarrobo. O sea, donde se sintió más fuerte, dijéramos. Y yo estaba en la playa, estaba con una hermana y mi hija, que en ese tiempo tenía 15 años. Y nosotros estábamos en Costa Azul. Pero una amiga de mi hermana nos invitó a almorzar a Cartagena. Entonces estábamos tomando once, porque fue a las siete y algo el terremoto. Entonces, imagínense, estábamos preparando y viene un… terrible, terrible, terrible. Una cosa, pero impresionante. Fue el que es más fuerte porque fue 8.

Cuando estuvieron ahí, ¿guardaron la calma? O sea, ¿qué hicieron?
No, porque, mire, el dueño de casa se paró en la puerta. Entonces todos nosotros estábamos desesperados porque la casa crujía. Se sentía que caían terrones, qué sé yo, cosas así de la casa. A ese nivel. Entonces nosotros, con los nervios, empujamos al caballero para afuera. Y sabe que salimos a la calle. Impresionante, impresionante. Eso yo nunca lo podía olvidar. Se abrió el pavimento, porque estábamos arriba, en una casa arriba. Entonces la calle se abrió así, pero como 15 centímetros. Eso fue un ruido espantoso, terrible. De ahí ya terminó eso. Y entramos al tiro a la casa a sacar lo único, la cartera, y nos fuimos a Costa Azul. Ahí yo tenía unos primos que estaban veraneando. Pero esos primos justo se habían venido como a las dos de la tarde o una cosa así. Entonces no había nadie, pero nosotros como siempre íbamos a Costa Azul, donde mis primos. Los vecinos estaban afuera. Y ellos nos llamaron, estuvimos ahí. Y en eso empezó la sirena [alertando] que había posible maremoto. Así que nos hicieron evacuar a todos para que nos subiéramos a un cerro. Cerca de ahí había un cerro. Entonces el dueño de casa, este caballero sacó una carretilla, siempre me acuerdo, y puso una frazada, un termo, todo lo que encontró a la mano para subirlo. Y ahí subieron a ese cerro. Y nosotros, rápidos, porque bueno, en esos años, yo era súper joven, y mi hija de 15 años también. Entonces fuimos súper, súper rápidos y nos subimos casi a la punta del cerro. Y seguía todo esto, seguían las réplicas, porque no solamente fue el terremoto, fueron varias réplicas, todas las noches con réplicas. Y sabes que yo cerraba los ojos y parece que el agua me llegaba a los pies. Fue algo terrible lo que yo en ese momento viví.
Cuando estuvo ahí, cierto que estaba con su hija, ¿se preocupó por ella?
Por supuesto.
¿La protegió?
Sí, sí, sí. Es mi única hija. Qué más va a hacer una mamá con su único hijo. Bueno, aunque no sea único, siempre uno los protege. Yo abrazada con ella, como le digo. Ella pudo dormir un poco, pero yo no dormí nada, pensando en que el agua iba a llegar ahí, porque era posible maremoto. Entonces fue una experiencia muy, muy grande.
¿Cómo se sintió el terremoto?
Fuertísimo. Imagínate que fue 8. Fue muy, muy grande. Así, claro. Como te digo, crujía la casa donde estábamos. Empezaron a caer [las cosas] y, como les dije anteriormente, pedazos de tierra. Imagínate, salimos y se abrió la tierra, se abrió así. Como cuando uno… ¿Has partido alguna sandía tú alguna vez? Y que sale así, así [hace el ademán de abrir una sandía]. Ese fue un… así, así. Nosotros nos quedamos aquí y así quedó. Fue terrible.
¿Qué estaba haciendo antes de que empezara el terremoto?
Nos estábamos preparando para tomar once. Sí, estábamos preparando la once, porque estábamos de visita, pero igual a mí siempre me gusta ayudar, nunca me quedo sentada. Siempre trato de ayudar con la dueña de casa. Entonces, estábamos preparando la once. Y ahí empieza.
Imagínate, obvio que no tomamos once ni nada.
¿Cuál fue el recuerdo más vívido que tiene del terremoto?
¿Más qué?
Más vívido.
Yo creo que el más impactante fue cuando se abrió la tierra. Para mí eso fue lo más impactante que pudo ser.
¿Así de fuerte fue?
Así de fuerte. Porque, como te dije anteriormente, fue un ruido espantoso porque imagínate, se abrió la tierra. Claro, como te digo, estaba en el cerro. Era en un cerro la casa, entonces estaba así [en pendiente]. Pues, imagínate que se abrió una cosa así, hacia abajo. Eso fue lo más impactante. Y obvio que abrazar a mi hija. También, que alcanzamos todos a salir, gracias a Dios.
¿Y usted qué hacía en ese momento?
Rezar. Rezar. Rezar y abrazar a mi hija. Que lo que… Como te digo, fue un impacto muy grande, muy grande. Entonces, uno trata al tiro de proteger a la persona que está al lado de uno. Imagínate si era mi hija. Con mejor razón. Porque uno no sabe en qué momento va a parar. Porque
eso seguía temblando, seguía, seguía, seguía temblando. Porque imagínate tú que casi, casi duró cinco minutos. Cinco minutos. Fue mucho. Entonces uno piensa que no iba a pasar nunca.
¿Y después de eso qué fue lo primero que pensó?
Lo primero que pensé [fue] que quería llegar adonde mis primos para ver si nos regresábamos a Santiago. Y lamentablemente mis sobrinos tampoco estaban. Entonces nos tuvimos que quedar ahí, como les conté, en el cerro hasta el otro día. Y ahí ver la posibilidad de regresar. Nos costó un montón regresar. Porque todo el mundo quería regresar, querían dejar los autos botados, qué sé yo. Fue un desastre todo. Fue terrible.
¿Usted sintió una diferencia entre el terremoto de 1985 y el del 2010?
Sí. Bueno, el 2010 también para mí fue terrible. Porque yo vivía en una casa de adobe. Entonces, las casas de adobe, tú sabes que no son construcciones sólidas. Ahí mi casa se abrió, quedó… inhabilitada. Así que tuvimos que estar en el patio. Y después yo tuve que postular a una casa, porque a esa casa vinieron ingenieros a verla, porque quedó en muy mal estado. Quedó parada, pero abierta. Imagínate, así: abiertas las esquinas, separadas. Entonces, en cualquier momento se podía caer.

¿Y ustedes estaban en un lugar alto?
No, para el 2010 no po’. Ah, pero me estás preguntando del…
Del terremoto de 1985, cuando se vinieron a Santiago
Sí, nos vinimos al otro día. Claro, tuvimos que…
¿Tuvieron que bajar del cerro?
Claro, porque ahí ya, como te digo, al otro día amaneció. Cuando amaneció, ahí regresamos a la casa de mis primos. Ya. Entonces ahí tomamos un desayunito, qué sé yo, y nos fuimos al tiro a tratar de conseguirnos en qué venirnos. Entonces ahí nos regresamos a Santiago.
¿Y no le da pena así como volver a recordar esa experiencia?
Sí, es emocionante. Porque lo que yo viví fue aterrador. Fue una noche terrible, de sólo pensar que podía llegarnos el agua a los pies. Estábamos todos sentados, porque… porque se evacuó todo Costa Azul.
Entonces había mucha gente.
Mucha gente alrededor. Entonces nosotros, como te dije anteriormente, tratamos de subir lo máximo, lo máximo. Arriba, al techo.
Bien, entonces, y ¿cuántos años tenía usted en el terremoto de 2010?
¿El 2010?
Sí.
Mi hija ya tenía… ¿como 30? Sí, como 30 años tenía, más o menos.
Ahí ya podía ayudar a la gente.
No, ella… era diferente. Ella incluso ya estaba casada en ese tiempo, en el 2010.
Entonces, ¿usted estaba sola o estaba con ella?
No, yo estaba sola sin ella. Porque ella se casó y se fue con su marido.
Entonces, ¿usted no tiene marido?
No. Yo fui mamá soltera.
O sea, ¿los terremotos los pasó sola?
Sola. Sin pareja. Pero, en 1985, ahí tenía a mi mamá. Yo vivía con mi mamá acá en Santiago, y mi hija también, y mi hermano. Vivíamos todos en una casa porque era una casa grande.
Cuando estuvieron ahí arriba ¿la gente se alteraba mucho? O sea, cuando pasó el terremoto, ¿después hablaba con otras personas de que pudiera pasar otra cosa?
Claro, se temía hasta el último momento de que fuera un maremoto. Entonces todos, imagínate, todos llorábamos, rezábamos. Fue impactante porque, como te dije denante, el temblor empieza, pero tú no sabes cuándo va a terminar. Entonces, te sientes impotente, te sientes que… ¿Qué puedes hacer contra la naturaleza? No se puede hacer nada. Nada, nada. Solamente abrazar a tus seres queridos y… que sea lo que Dios quiera.
¿Y a usted ahora le daría miedo volver a tener esa misma experiencia?
Sí, por supuesto. Más ahora cuando uno es de edad, es más sensible. Es diferente cuando una persona es joven.
¿Se puede caer algo encima?
Claro, sí. De todas maneras, uno está propenso a cualquier cosa, a una caída, a que se caiga un objeto, que no puedas arrancar, que no te puedas poner en una parte segura.
Ay, no.
También.
Y cuando estuvo ahí, ¿solamente quería proteger a su hija? ¿No se preocupó por nadie más?
Bueno, como todos estábamos ahí, pues, obvio que me preocupé más por mi hija. Estaba mi hermana también. También yo la veía que estaba ahí, mal. Como te digo, en ese momento fue muy terrible.
Para todos fue impactante.
Para todos impactante. Y, por supuesto, la protección era más con mi hija. Que se calmarla, que esté más cómoda, ¿me entienden? Claro, calmarla. “Ya va a pasar, ya va a pasar, ya va a pasar”, le decía.
Señora Rosa, ¿cuál fue el que sintió más fuerte? ¿El del 2010 o el del 1985?
No, en el 2010 fue el más fuerte, porque ese fue 8.8, y el otro fue 8.0, entonces fue menor.

¿Y qué hizo en ese momento para sobrevivir?
Mira, el de 2010 también fue muy grande. Yo estaba durmiendo, porque ése fue a las tres de la mañana, a las tres y tanto, a esa hora fue. Fue de madrugada. Entonces salí al tiro al patio, como yo vivía en una casa grande, salimos al patio y teníamos unos sillones en el patio. Y yo me afirmé, y
sabes tú que la casa, pero se estremeció así, se estremeció, porque como les conté que era de adobe. Entonces el adobe es más blando, dijéramos, una cosa así, a pesar que son unos tremendos… ¿conoces tú el adobe? Son unos tremendos, grandes así, como dijéramos, como el… No sé cómo lo puedo explicar para que lo entiendas, pero son grandes. Entonces, y otra cosa es que mi casa tiene una galería, y fue tan grande el impacto que se cayeron todos los vidrios, se salieron todos los vidrios, imagínate. Y también lo otro que me impactó mucho, que teníamos un mueble, que tenía unos platos puestos así, se vinieron todos abajo, todos los platos abajo, se quebraron todos. Y yo con mi hermano, que ahí vivíamos en ese tiempo, vivíamos con mis hermanos, vivíamos varios en la casa. Entonces con mi hermano lo afirmábamos así en el
sillón, porque la casa, como te digo así, era como que la estaban moviendo. Entonces fue muy, muy grande para mí ese impacto.
¿Con quién se intentó proteger con los vidrios cuando se remontaron?
Es que nosotros estábamos afuera. Los vidrios cayeron en la galería de la casa.
O sea, adentro.
Adentro, correcto, adentro. Y lo otro que también me impactó mucho fue que ahí vivía mi hermana con su marido, que estaba recién operado. Entonces mi hermana trataba de sacarlo a él, de levantarlo, pero no podía. Creo que mi hermana le decía sale, sale, sale, y no podían salir. Y él le decía sale tú nomás, porque no se podía mover, si estaba recién operado. Así que, al final, logró sacarlo, salieron hacia el patio y ahí mi hermana quedó con todas las piernas con tajitos, por los vidrios.
Pero ella solamente quería salvar a la persona.
Claro, a su marido. Y los dos entre sí se querían salvar. Porque uno decía sale tú, no, no, sale tú. Y al final ninguno de los dos salía. Y nosotros afuera, sin poder entrar, porque, como te digo, la casa se movía, pero se movía… [fuerte]. Entonces, nosotros nos afirmábamos de un sillón.
¿El sillón era pesado?
Claro, un sillón como de fierro que había, que se usaban antes, uno así.
¿Y conoció algún caso peor que el de usted, o de alguien cercano o familiar?
La verdad de las cosas es que no, fíjate. Porque yo encuentro que el de nosotros fue muy grande. Otra cosa fue que después de eso, quedamos sin agua ni luz.
¿Y usted estaba durmiendo en el 2010?
Sí, estaba durmiendo y desperté, y ahí salimos afuera.
Ah, se asustó.
Claro, obvio, sí. Y salimos afuera. Y donde mi hermano, que salió, también su pieza se vino todo abajo. Toda la muralla.
¿Cómo así?
Claro, se vino todo hacia su cama, porque estaba la muralla detrás y la cama afirmada a la muralla. Entonces se vino toda la muralla hacia la cama. Al otro día, cuando fuimos, cuando ya aclaró y fuimos a ver todo lo que había pasado, imagínense, dimos gracias a Dios que él fue rápido
cuando empezó y salió al tiro. O, si no, habría fallecido ahí, porque todos los adobes estaban en su cama. Imagínate. Y también la puerta, porque era como un corredor, la puerta igual, pues se
vinieron abajo varios adobes, murallas. No podíamos pasar. Tuvimos que pasar por encima de todos los escombros, para poder abrir la puerta. Yo creo que fue porque la casa no era sólida. Yo pienso que eso fue lo que nos pasó. Lo terrible que fue que la casa de nosotros se viniera todo abajo.
¿Y no quedó así como tan impactada que se quedara paralizada?
Sí, sí, quedé por mucho tiempo con mucho temor, mucho temor. Claro, uno cierra los ojos y parece que vive todo, lo revive todo de nuevo. Eso es lo que pasa.
Y si lo volviera a vivir, ¿qué haría?
No sé, porque, como te decía denante, yo encuentro que cuando uno es joven es más valiente, o es más rápida para actuar. Por eso, imagínate que yo salí inmediatamente. Estaba durmiendo,
porque a esa hora, eran las tres de la mañana, uno duerme profundo. Pero uno tiene la habilidad de salir más rápido. Mi hermano, que él es menor que yo, como diez años. También, si no fuera porque fue rápido para salir hacia el patio, también mi hermano habría fallecido. Yo creo que, si en estos momentos pasara algo así, mi hermano habría fallecido, porque ya no tiene la misma habilidad para salir.
¿Y usted cómo vivió las réplicas del terremoto?
Con susto, con mucho susto.
¿De que volviera a pasar?
Sí, de que en esos momentos uno piensa que no va a parar. Porque sigue y sigue temblando. Y tú dices hasta cuándo, ¡cuándo va a parar! Esa es la sensación que da, el temor de que no se detenga.
¿Y cuántas cosas o algo importante perdieron en el terremoto?
Bueno, yo siempre he dicho que lo material no es importante. Nosotros quedamos sin losa, imagínate, quedamos sin casa. La casa la vinieron a ver de la municipalidad, con ingenieros, especialistas, y dijeron que no se podía habitar esa casa. Entonces, ¿qué pasó? Que vivía mi hermana ahí con su marido, como les decía antes, y su hijo, y ellos tuvieron que salir a arrendar. Hasta el día de hoy están arrendando, porque no había medios para comprarse una casa. Y yo fui a la municipalidad y me dieron una casa, porque como yo tenía el sitio, entonces me fabricaron una casa.
¿La casa quedó totalmente destruida?
Destruida, destruida, quedamos sin casa. Cada uno tuvo que hacerse de nuevo. Mi otra hermana, que vivía también en mi casa, ella se jubiló y se hizo una casa en el terreno que teníamos.
Si hubiera un sismo acá, en este mismo lugar, ¿qué pensaría usted? O ¿qué haría ahora, así como para protegerse usted?
Bueno, yo creo que para eso no hay nada que uno pudiera hacer. Solamente ponerse en el lugar que uno piensa que está más segura. Bajo ningún motivo ponerse en una parte donde hay alumbrado público que se pueda caer, ni bajo un poste. Tratar de ver una parte lo más segura que uno piense, porque no hay otra cosa que hacer. Así de terribles son los terremotos, que uno sabe cuándo empiezan, pero no sabe cuándo terminan.
Quedé como muy impactada por lo que vivió usted, por lo grande que puede ser un terremoto.
Es muy grande, muy, muy grande.
Señora Rosa, le agradecemos, por supuesto, la paciencia, el querer contar, porque no todo el mundo quiere contar su experiencia, ¿cierto? Y más encima, dos experiencias.
Pero yo lo hice con mucho agrado, y cualquier cosa que quieran preguntarme, acá estoy.
Muchas gracias.
- Rosa Ester Pablos Campos
- Benjamin Águila, Antonella Cáceres y Marieth Méndez
