Hola, buenos días, ¿cómo se siente?
Muy bien, gracias.
¿Cuál es su nombre?
Mi nombre es Marien Rumie Mery.
Mi nombre es Gabriel Acosta y hoy nos estábamos preparando para hacerle esta entrevista. Yo me presento, me llamo Milan Vélez Jurado y le queremos preguntar si usted está de acuerdo con que este video salga en un cuaderno.
Sí, estoy de acuerdo.
¿Podemos empezar con la primera pregunta?
Sí, ¿cómo no?

¿Habías sentido otro sismo antes?
Sí. Varios más, pero en distintas ciudades de Chile. Porque me he movido mucho.
¿Qué sentiste cuando sucedió el sismo?
Bueno, de cómo… ya les digo, ya tenía la experiencia de otros sismos y terremotos.
Ya.
¿Cuál de los dos? Porque he reaccionado de distinta manera. En el 85 estaba más joven y me asusté bastante. Pero hicimos todo lo que generalmente se hace en un momento así, con una experiencia tan fuerte como esa. Ya que estamos en un país telúrico, ya nos estamos acostumbrando. Pero, para el 27 de febrero, estaba más… con un poco más de edad. Eh, lo tomé más tranquilo, a pesar de todo. Más tranquilo. Sí.
¿Cuántos años tenías en 2010?
En 2010, eh… tenía 55 más o menos.
¿Y en qué parte de Chile estabas?
Estaba acá en Santiago. Y estaba a punto, eh… el día 27 de febrero yo me iba a ir a Antofagasta a trabajar. Iba trasladada. Y ese día yo tenía el vuelo junto con mi hijo, eh… como a las 12 del día.
Ah ya.
Y obvio que… se cayó el aeropuerto y se suspendió el vuelo.
¿Con quién estabas cuando sentiste el sismo?
Estaba en la casa de mi hija con mi yerno y mi hijo de 10 años. Él había cumplido el 4 de febrero los 10 años. Y nos íbamos a ir a Antofagasta por mi trabajo. Él iba a conocer otro lugar. Pero sí, también se asustó bastante. Y yo lo primero que hice fue abrir la puerta del dormitorio y me quedé ahí afirmando el televisor y la puerta, ¿ya? Y el movimiento que había para allá, para acá, para allá y… después como que uno está bailando. Y yo [estuve] afirmando las dos cosas. Y le decía a mi hijo: “Quédate tranquilito ahí en la cama”.
¿Y cuántos años tenía en el 1985?
Ya, ese lo pasé en Antofagasta. No. Pero el 85 lo pasé en Viña, porque ése ocurrió también acá. El del 85. Entonces, ahí no sé si hablo del 85 o hablo del 95 [año del terremoto en Antofagasta]. Bueno, el 95 yo estaba en Antofagasta. Y ahí me la corrí para allá, me la corrí para acá. Dije: “Voy a apagar el cálifon”. Y, en vez de apagarlo, le subí el volumen. Le dije: “Voy a apagar la estufa” y, en vez de apagarla, la subí. Así salía la llama de una estufa de parafina [hace ademán de algo grande]. Pero después me di cuenta y ahí apagué todo.

¿Y qué pensaste cuando ocurrió ese terremoto?
Ya, yo, como te digo, he pasado hartos terremotos, así que… eh, lo pasé en el norte. Entonces se sentía como que venía un tren, un ruido de tren. Y, lo único [que había que hacer] no más, [era] esperar. Además que nos habían advertido porque ahí hay playa, hay mar. Habíamos hecho la operación Daisy todos y decían que teníamos que correr hacia los cerros. Yo estaba en el centro de Antofagasta. Y [nos decían] que venía una ola, iba a venir una ola grande, [que] iba a tapar donde yo vivía. Entonces, nos quedamos tranquilos porque pasaba una camioneta [con un altoparlante diciendo]: “No hay tsunami, no hay peligro de tsunami”. Entonces, ya ahí por lo menos seguimos donde estábamos. Pero uno se asusta un poco. Lo importante es saber las normas de cómo protegernos. Cómo proteger a los hijos, a los niños, y cómo protegernos nosotros también. ¿Qué cosa hay que evitar? Eh, siempre nos dicen, [que] hay que poder abrir la puerta, porque se tranca, ¿ya? Se traba. Entonces hay que abrir la puerta principal y dejarla abierta. Y hay que estar cerca del umbral de la puerta.
Ya.
Porque se cae todo lo demás, menos eso. El umbral de la puerta.
¿Y qué estabas haciendo cuando sucedió el sismo del 2010?
Bueno, estaba durmiendo. Estaba durmiendo, si fue de madrugada. Y sí, estaba como… no estaba durmiendo tan profundo. Porque estaba con la preocupación de que teníamos que viajar, que nos íbamos a ir al norte, que iba a haber un cambio de vida en nosotros con mi hijo menor y, seguramente, estaba media dormida, media despierta, cuando sentí el ruido. Yo sentí el ruido. No todo el mundo siente el ruido. Pero yo sentí el ruido, como te digo, porque no estaba tan profundamente dormida y me levanté al tiro. Abrí la puerta y empezó al tiro el movimiento. Yo me di cuenta que venía un terremoto. Porque… eh, tienen un sonido. Hay sonidos más leves que oyen solamente los perros y los animalitos que tienen el oído más finito para escucharlo. Nosotros no lo alcanzamos a oír. Pero en este caso, sí lo oí. Bien, perfectamente. Porque era bien fuerte.
¿Dónde estabas cuando sucedió el sismo del 2010?
Estaba, como te digo, en el dormitorio.
En su casa…
En la casa, sí. Estaba en la casa que compartía con mi hija y con mi yerno. Estábamos viviendo ahí. El dormitorio era en el segundo piso. Y escuché que se caía todo lo que había abajo. Pero cuando salimos… porque salí, salí a mirar, había varias casas [a las] que se les había caído la muralla. Se veían los dormitorios, se veía todo. Gracias a Dios, [a] la de nosotros no.

¿Qué le dirías a alguien que no ha vivido un sismo?
Eh, bueno, yo no le puedo decir a las personas ni a nadie que no tengan miedo, porque lo vamos a tener igual. Sí, todos. Hayamos tenido la experiencia o no. Pero sí que tengan las precauciones para un caso de un terremoto. Por ejemplo, tener linternas con pilas, y cuando uno no tiene linterna, velas y fósforos y cosas así. Que sepa dónde tiene que estar, dónde está el triángulo de protección para cubrirse de que se derrumbe el techo. Se cae lo menos posible [el techo] al lado de un mueble, porque los muebles se vienen encima según el movimiento. Pero, a veces, hay movimientos que son como olas. Entonces todo eso hay que irlo aprendiendo. En los colegios se usa mucho la operación Daisy. Pero no sé qué están haciendo actualmente como para decirles. Aparte de eso, las construcciones las están haciendo asísmicas. Porque las antiguas construcciones era más fácil que se cayeran. Y la casa de Viña resistió, porque todas las esquinas de las casas las hacían con cadenas. Cadenas bien reforzadas y llenas de cemento. Llenos de cemento los pilares. Y, cuando salimos a la calle, nosotros mirábamos por la puerta, porque la teníamos abierta y vimos que se levantó mucho polvo.
¿Sí?
No veíamos las casas del frente, no las veíamos. Y mucho polvo se levantó, mucho polvo y también era un movimiento así como ondulante. La gente se caía. Y en varias casas también me tocó ver que se les cayó la muralla completa y se veían los dormitorios, el living, el baño. Se veía todo eso, [porque] se les cayó completa la muralla.
¿Usted vivía en una parte plana o inclinada?
No, para arriba, media inclinada, porque Viña tiene mucho cerro. [Acá habla del terremoto de 1985] Ellos vivían en el cerro, en las colinas de Viña. Es como cercano a donde está Agua Santa. Entonces, es un cerro, Lourdes de Viña, ahí vivíamos nosotros, pero también era así en cerro. Era en cerro, pero vimos eso, así, que [el movimiento] era ondulante. Se movía de esa manera. El del 2010 acá en Santiago también lo sentí como ondulante, pero después para allá y para acá, para allá y para acá. Y ondulante. Así. Entonces yo decía: “Uy, ya, si hubiera sabido tal, hubiera puesto los muebles en otra posición para que no se hubiera caído la loza, todas las cosas, pues se cayeron”. Porque hasta todo eso uno tiene que pensar según el movimiento. Pero cada vez los movimientos son distintos. Son distintos.
Sí.
Eh, pero igual nos asustamos. Sí. Yo no te voy a negar que me asustaba. Y después dije: “Ay, no me voy a poder subir al avión”. Y empecé a llamar. Sí. Eh, suspendidos todos los vuelos. Todo, porque [el aeropuerto] quedó en desastre.
Yo, la verdad, no he vivido tantos temblores ni nada de eso, porque donde yo vivía no había tanto temblor. Pero cuando yo llegué aquí, hubo un sólo temblor y sentí que se me iba a caer la casa.
Claro, te dio miedo.
Sí.
Te dio miedo. Sí, da miedo. Pero, como te digo, hay que buscar los umbrales de la puerta. Hay que buscar el triángulo de seguridad. Por ejemplo, en los colegios, nos decían que nos pusiéramos debajo de la mesa.

Sí, claro.
Que nos pusiéramos debajo de la mesa. Porque desde chica, desde que tengo uso razón, que vivo en un país telúrico. Es que no hablaban de la operación Daisy. Pero, no sé, en las casas, nosotros, ya más adultos, tomamos precaución de juntar agua, tener velas o linternas, porque pasa un periodo de oscuridad y también se corta el agua.
¿Sí?
Se corta el agua. Donde yo vivo ahora actualmente es departamento. Se nos corta la luz, se nos corta el agua. Pero cuando se llama, ahí ya están los camiones aljibe, empiezan a llegar con agua, con todas esas cosas. Y ahí uno tiene que estar pendiente, pero hay una preocupación de seguridad, de seguridad ciudadana, cómo nos podemos proteger. Y eso es lo bueno también, que lo traigan a los colegios y lo podamos aprender todos, lo puedan aprender todos, sobre todo los niños. ¿Cómo protegerse en algo así? Eh, ¿dónde refugiarse en zonas seguras? Zonas seguras. Eh, yo trabajé en supermercado y teníamos una zona segura que era el estacionamiento, donde sabíamos que, si se caía el edificio, no nos iba a caer [encima] porque estábamos ahí en la zona segura. En todos los lugares hay una zona segura, así que aquí también tiene que haber acá.
Sí.
Averígüenlo. Averigüen dónde está aquí la zona segura.
Aquí hay una en el patio. Bueno, gracias por la entrevista. [Estuvimos] un poco nerviosos, pero bueno, sí, se hizo lo que se pudo.
Sí, después ya, bueno, cuando empiecen a tener más práctica, no van a tener vergüenza de nada. Van a ser “sin-vergüenza”, ja ja ja.
Con esto finalizamos la entrevista, muchas gracias por su tiempo que nos dedicó y que tenga buen día.
Igual para ustedes y qué bueno que tengan la curiosidad. Pues, como les digo, averigüen bien si existe alguna capacitación para eso.
Ya. Para [saber] cómo cuidarnos y protegernos en un momento de terremoto, sismo, de cualquier evento de la naturaleza.
Ya. Y gracias por invitarme.
- Marien Rumie Mery
- Milán Velez y Gabriel Acosta
