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Entrevista a Cecilia del Carmen Rojas Latorre

por Laura Toro Vásquez, Anabel Casacomba Gorotiza y Antonella Santander Sánchez

Buenos días.

Buenos días.

Con su consentimiento vamos a hacerle unas preguntas, ocho preguntas entre las tres. ¿Cómo reaccionar en el momento del terremoto?

Al estar en el momento del terremoto, uno no… De repente en la mente uno lo puede tener dicho, ¿qué hacer? Pero cuando llega el terremoto, tú, en el momento de actuar, tú ves a la persona… Yo tengo un niño con discapacidad, y fue justo en el dormitorio, me fui directamente a él y me protegí en el dormitorio. Eso es lo que hice.

Aunque ya lo dijo, ¿dónde estaba mientras pasaba lo del terremoto?

Del terremoto, ¿cuál? El del ochenta y cinco, yo…

El del mil novecientos ochenta y cinco.

Ochenta y cinco, yo estuve en el sur, en Tomé, en la octava región. Fue en la tarde, como un cuarto para las siete de la tarde, ahí empezó el terremoto. Estaba en el segundo piso.

¿Y qué pensó en ese momento?

En ese momento tú al tiro piensas que se va a acabar el mundo, porque yo era una niña de veinti… una niña, les digo, una joven de veinticinco años, y justo estaba cuidando a un sobrino en el segundo piso. Y yo le tengo terror a los temblores, pero nunca pensé que era un terremoto.

¿Y usted tenía precaución en ese momento?

¿Precaución? En ese momento, yo como le tenía miedo, tuve que ayudar a la señora de mi hermano, porque estaba mi sobrino en una cuna de mimbre. Antiguamente se usaban así. Yo tuve que proteger a mi sobrino, pero en ese movimiento no podíamos salir, sólo quedarnos en ese
instante en el dormitorio.

¿Y qué lugar pensó que era más seguro para usted, aunque no pudo haber salido?

En el momento cuando empezó, como cubría a mi sobrino, [nos quedamos en el dormitorio]. Después terminó la intensidad y bajé con cuidado, bajamos la escalera. Antiguamente, la parte que
siempre nuestras mamás decían, era debajo de una mesa. [Pero] ahora no, ahora son los pilares. Cuando uno dice los pilares, era el pilar de la entrada, o si no, en la mesa. Y yo lo que hice, abrí la puerta. Y ahí empezó de nuevo la réplica.

¿Es éste el primer terremoto que presenció?

Sí, ése fue el primero, y el segundo fue el año 2010.

¿Y no ha vivido otros terremotos más?

No, porque nuestras mamás, nuestros abuelitos nos contaban del terremoto que

pasó en Valdivia, el 60, pero nunca pensé que lo que pasó era un terremoto, porque uno piensa que es un temblor. En el sur, la tierra siempre está en movimiento, y siempre independientes dicen, ay, en este momento puede que estamos temblando un poco. Pero ese día la magnitud fue de un 8,1. Era mi primera experiencia joven.

¿Estabas con algún ser querido en ese momento?

Sí, en ese momento estaba con mi sobrino, que tenía un año y que lo fui a cuidar. Mi hermano se había ido a jugar fútbol, y yo para cuidar a mi sobrino estaba con él, y eso fue en la tarde. Fue un día domingo, me acuerdo.

Y con todo respeto, ¿ha quedado con algún trauma, algún susto?

Sí, lo que pasa es que, en el momento del terremoto del 85, en las casas de Tomé… bueno, después supe que no fue el sismo ahí, sino [que] fue en la parte de Santiago, fue más acá. En el campo, se destruyeron muchas casas que eran de adobe. Antiguamente se hacían con paja y con greda, ¿se acuerdan? Y murieron muchas personas. Pero este terremoto, el terremoto del 85, dio pie para hacer más casas con mejor estructura, edificar mejor para los sismos, como fue el año 2010. Eso fue la base, la base fue el 85.

¿Y cómo ha superado lo que tuvo que pasar en esos terremotos?

Yo siendo joven, por eso les decía [que] tenía 25 años, vi que tenía que ayudar, porque yo le temía. Entonces uno, en el momento… hay personas que gritan y tú dices no, porque gritar o salir, arrancar, no sacas nada, pues el movimiento no te deja salir. Pero al momento que termina, tú lo único que tienes que abrir es la puerta, abrir, pero no salir porque los postes, los árboles, todo… Si quieren saber más cosas, tengo. ¿Algo que quieran preguntar? ¿Quieren saber sólo del 85?

Sí, más.

O del 2010, porque fueron diferentes cosas, ahí fue un maremoto lo que pasó. El tsunami fue en Dichato, donde mi familia estaba. Yo estuve en Santiago, pero tuve que irme unos días después del terremoto. Yo pensé, lo primero que uno piensa, chuta, ¿qué pasa con mi familia? Pero después me percaté, porque tú no estás con celular ni la televisión para ver dónde… Yo pensé que era en Santiago, y era justo en la octava región, donde está toda mi gente, y fallecieron muchas familias. Lo que está pasando ahora en Rusia, ahora todo viene…

¿Algo más sobre el terremoto del 2010?

El 2010, bueno, yo igual lo pasé acá. Fue justo cuando estábamos viendo el festival [de Viña del Mar], en el segundo piso. Lo primero, había dos piezas. Teníamos dos piezas. Álvaro está al lado derecho, yo estoy a la izquierda. Y yo me levanté cuando [se] empieza a mover, porque fue un movimiento primero, un ruido. Y me fui inmediatamente [donde el] Álvaro. Se cayó la tele de arriba, porque nosotros teníamos una tele antiguamente en un pedestal y se cayó. Ahora se usan pegadas. Todas las teníamos arriba. Y seguía temblando, yo pensé que nos íbamos a morir, ¿por qué? Por el movimiento, yo pensé. Hasta las ventanas crujían. Se quebraron con el movimiento. Pero los gritos de los vecinos… fue atroz ese terremoto. Y después supe, después quise saber de mi familia, pensando que podía haber llegado. Y el epicentro fue en Dichato, entonces ahí no había comunicación. No tenía idea de mi familia, nada de nada. Busqué [con] Carabineros, tampoco. Porque tampoco [estaban habilitadas] las líneas [telefónicas], nadie sabía nada. Pero, después de cuatro días, fuimos al sur. Llegamos. No sé si les puedo contar. Nos fuimos en carretera. Las carreteras estaban cortadas, todo. No se podía pasar. Nosotros fuimos porque Carabineros nos dieron autorización. Fue atroz, murieron personas, murieron familiares. ¿En qué sentido? No fue tanto el terremoto, sino que fue la mala comunicación que dieron. Al principio, en la madrugada, que todos se fueran a un cerro. Todos fueron. Y en la mañana dijeron que todos podían volver, pero nunca pensaron que venía una ola de siete metros. Dichato es un mar que es abierto, y el mar arrasó con los tres pinos. Nosotros decimos los tres morros. Arrasó con todo, y la gente
falleció por ir a retirar sus cosas. Se destruyó. Pero yo… ustedes dirán, ¿por qué cuento eso? Dichato está hermoso. Era un pueblito que era chico, pero se destruyó. Y quedó una virgen. Una virgen quedó. Y eso está en Dichato. Se construyó. Pero mucha gente, niños todos, fueron arrasados. La tele lo mostró, que se iban los autos, y [había] gente pidiendo ayuda. Y eso fue mala comunicación, que en la tele dijeron que podían volver, pero nunca pensaron que venía una ola grande. Ahora dicen que viene una ola de dos metros, pero fueron siete metros. Los buques llegaron a la orilla de Dichato hasta Coliumo. Que es como decir, por ejemplo, de aquí hasta Estación Central, llega un barco.

¿Y después de todo eso, vivió una vida normal, o con miedo?

Lo que pasa es que siempre tengo miedo. Mi abuelita siempre decía que van a venir maremotos, van a venir rayos. Todos los abuelitos les metían miedo, porque nosotros teníamos mar. Pero a veces pienso que nosotros estamos destruyendo nuestro mundo. Yo pienso, lo digo por la guerra, [que] las bombas que tiran a nuestro planeta… lo quiebran. Entonces yo digo que la tierra, como decimos, tiene que moverse. Pero ya está destruido, yo pienso eso. Ahora la naturaleza, los vientos que están pasando… yo digo que [a] ustedes les vamos a dar un mundo que… de repente no sé qué va a pasar, pero no quiero meter miedo tampoco. Pero hay que cuidarlo, reciclar, hacer lo posible… Por eso les digo, yo a veces pienso cuando hay guerra, que esas bombas mueven nuestras tierras. Se quebrajan, y ahí la tierra tiene que acomodarse. Yo me tengo que acomodar y esto está pasando. Nosotros tenemos más mar que nuestra tierra. Hay que cuidarlo, no sé. En mi experiencia a los 63 años, ahora ya sé que se está moviendo. Ahora cuando yo venía, decía… anoche, miren lo que está pasando. Y justo voy a ser entrevistada… hay que cuidarlo. Miren lo que van a destruir, y lo que entra destruye con todo. El mar no dice, mira yo voy a llegar hasta aquí, pero que tengan precaución… Si dicen que hay un tsunami, no vayan a verlo ni sacarle fotos. Eso es lo que pasó en Dichato. Fue gente a ver. Fueron y también fue ambición, porque había muchos locales, y vieron la plata botada. Eso fue, sirvieron mucha evidencia.

Sí, fueron muy desastrosos los terremotos. Pero viéndole el lado positivo, gracias a eso ahora estamos más precavidos, tenemos más comunicación.

Exacto, tenemos ahora que puede ir un helicóptero a ver la situación. Ahora tenemos señal, el celular, que lo usamos con la tecnología que tenemos, [se puede cargar] con el sol. Pero sí, las estructuras de los edificios. Ahora se están construyendo… porque, imagínate, el año 60, cuando nuestros abuelitos nos decían… [las casas] eran se hacían de adobe con pajitas. Y el año 85, ¿qué pasó? Hicieron que cambiaran la estructuras. Ahora somos más… que puede llegar algo y no nos pasa nada. Pero cae lo que está quedando, casas que no han sido destruidas, que son de antiguo. Eso es lo que están sacando acá en Santiago, y en varias partes, sacando esas modificaciones. Ustedes no, eran chiquititas cuando sintieron… Pero yo pienso que sus papás les contaron lo que pasó el año 2010. Porque eran jóvenes, y la experiencia de los papás [cuando son] jóvenes, a veces no tienen miedo. Como que dicen, ah, si pasa esto…, pero uno lo único que protege son los hijos y no cuidas tanto la casa. Proteger es ver, abrir la puerta, nada más, y no arrancar. Porque estamos en peligro. Pero ya de a poco, yo digo con los años, que ustedes van a ser jovencitas, van a tener unos 15 años, tal vez el sistema va a tener otra forma de llevar la experiencia.

Ah, sí, sí. Igualmente, gracias a los terremotos que tuvimos antes, ahora tenemos más
experiencia en eso. Estamos…

Tenemos más experiencia.

Y ya sabemos qué hacer en caso de terremotos, dónde buscarnos.

Sí, porque ustedes con el colegio, a ustedes les han enseñado qué es lo que tienen que hacer. Y los papás… lo primero que hacen, llegan inmediatamente [con ustedes], ¿cierto? Y eso es la precaución, decidir no irse y dejar [todo], porque ustedes tienen profesores que los van a cuidar. [En cambio, al] salir los papás apurados, pueden [sufrir] un choque, porque todos salen, y eso es lo que hay que saber. Si no se comunican, ¿qué pasa? Siempre van a tener en el colegio, o en la parte que estén, alguien [que] los va a proteger, un adulto, porque han tenido experiencia.

Bueno, usted también estuvo las mismas, digo, en el colegio también tenía como las mismas precauciones que tenemos nosotros.

Sí, yo digo que en todo colegio… yo pienso que en los años que yo estaba en el colegio, en Tomé, siempre te decían, por un caso de incendio, porque puede ser… Los profesores siempre decían [que nos pusiéramos] bajo la mesa. Ahora se está haciendo otra temática, porque la estructura siempre [es] abrir la puerta. Pero, en todas partes, yo digo, no sé, no hablo más allá. Yo hablo de mí, como ustedes. Los profesores nos decían con un pito, con alarma, aquí, todo de acá, y todo de filita. Esa era mi forma, y nos ganaban [situaban] en un centro, que era un gimnasio. O una parte que antiguamente nosotros no teníamos, como ustedes, la estructura de un gimnasio. Nuestro gimnasio era abierto y sin nada. Así era, por eso les digo, cada vez ustedes están mejorando como colegio, y los profesores le están dando temática. Y decirles a los papás que de momento están cuidados. Porque en el momento que salen, pueden chocar con otra persona en un auto. Imagínate, y puede haber otro que sacan. Tienen que… bueno, como las reuniones tienen que decirlo, ustedes les han hecho eso de salir, que es lo que hay que hacer.

Sí, lo bueno es que estamos avanzando.

Estamos avanzando con tecnología. La tecnología es buena, pero al mismo tiempo no me gusta porque los jóvenes están perdiendo la comunicación con nosotros. Yo a mi hijo le digo hola estando en la casa. Pero es buena la tecnología y vamos avanzando.

Usted ha perdido, digo, con todo respeto, ¿usted ha perdido muchos familiares en los terremotos que ha vivido?

Yo perdí familiares y perdí amigos que vivían en Dichato, porque en Dichato es [todo] cerca. De aquí como a Estación Central. Y hay varios [muertos] que todavía no se han encontrado. En Dichato hay una parte en la que uno se puede bañar, pero alrededor todavía no [los] encuentran. No encuentran, porque el mar es abierto y si se va hasta Coliumo que es un mar que… está Dichato acá, acá atrás los tres morros, que ahí fue donde la ola arrasó una isla y llevó hasta los barcos… y más acá está Tomé, y tenemos la Isla Quiriquina. Si no, hubiera arrasado con Tomé también, pero la Isla Quiriquina cubrió que no pasara, y por eso se fue para Dichato. Y se perdió gente, sí, todavía hay personas que no se encuentran. Porque el mar es muy abierto. Bueno, ustedes saben que cuando una se va, ¿qué pasará después? Se va del flote, pero hay muchos mares en Tomé, hay [muchas] playas, como se dice.

Si llegara a pasar otro terremoto, ¿usted ya tendría un lugar seguro en su casa o alguna parte?

Sí, lo que pasa [es] que, si a mí me pilla el segundo terremoto, a mi Álvaro lo tengo en el segundo piso, yo tengo que subir independiente. Si no lo subo, lo tengo que dejar ahí, porque el movimiento te bota. Y después, cuando termina, [al] parar, ahí hay que… Pero lo primero que hago es abrir la puerta, y lo que tengo es mochila, agua… Porque lo que nos pasó cuando hubo el terremoto del 85, siempre tuve la precaución. Cuando me casé, igual el papá [era] de tener agua en un bidón de 40 litros. Porque igual tengo linterna, [tengo] una radio a pila de la cual la gente se ríe. Ahora no po’, ahora hay [energía] solar. Tengo siempre precaución, porque si se llega a cortar constantemente, de repente se corta la luz con un viento. Entonces tenemos que tener [energía solar], porque si pasa… el terremoto no va a decir oye, yo voy, yo vengo hasta ahora. Entonces ustedes siempre [deben] tener el celular [cargado], tener una mochila, como les dicen los profesores. Una mochila con una muda, parches curitas, un algodón, sus toallas… esas cosas hay que tenerlas, porque nunca se sabe cuándo va a venir un terremoto. Y eso es el temor que la gente a veces dice, uy qué pasaría. Pero cuando llega, llega. Y hay que estar precavido. Chiquillas, tengan una mochila en caso de… como cuando uno dice que quiere tener una radio. Te sirve la radio de la abuelita, la de pila. Mi mamá tiene una de pila, y yo me reía: “mamá, por qué tenías eso”. Y sabes tú que le sirvió para escuchar Radio Bío Bío, informando, porque no tenían nada. Lo mismo que acá, se cortó la luz varios días, pero gracias a Dios tuvimos agua. Ahora tenemos transformador, no estamos… como que el sistema te dice: “oye, cómprate esto o la luz solar”. ¿Se han fijado esas luces? Uno las coloca al solcito, con la nube. Eso, ahora hay que cuidarse y esto también: el gel. Porque [cuando se corta la luz,] no hay refrigerador y ¿qué es lo que hace uno?, ¿qué come? No vas a ir a comprar a un supermercado.

Aunque se diga que la radio es antigua, es una muy buena forma de poder comunicarse.

Sí. La antigüedad también sirve, la experiencia también sirve, porque a veces los jóvenes dicen… no. Hay que cuidarse. Y si a veces, si ustedes tuvieran ahora su experiencia, ustedes van a decir: “oh, no tengo comunicación con mi amiga”, ¿cierto? El celular siempre [hay que] tenerlo cargado. Cuando ustedes lo usan, lleguen a cargarlo al tiro, siempre. En la noche uno no sabe lo que pasará mañana. Puede pasar en la noche y ustedes tienen comunicación más adelante. Ahora, la tecnología se corta. Ya están las antenas buscando y alguien de repente dice: “yo tengo señal”.

Y usted en el 2010, ¿cómo se comunicaba con…?

Yo me comuniqué. Una hermana se comunicó en el campo. Se fue, se llevó a mi mamá y ella se comunicó, sólo [para] decirme: “Cecilia, estamos bien”, y se cortó. Entonces, yo me asusté. Uno va al tiro a Carabineros. Se colapsó, ellos tampoco tenían la forma de comunicarse. Después uno estaba… lo único [es que] uno no dormía. Pasaron cinco días pensando en mi mamá, en mis hermanos, y dije: “voy a ir”.  Fue terrible ver gente que iba caminando, saliendo, cortadas las calles, ver los autos y la gente llorando. Uno tenía miedo, pero la adrenalina llevó a ir allá. Y cuando vi, fue mucha gente a sacar fotos en esas máquinas que antiguamente uno tenía, a sacar fotos, a ver. Por eso hay recuerdos. Entonces ahí después los Carabineros dijeron que no fueran, porque [la gente] iba sólo a mirar. Y estaba todo destruido, todo encima, los autos, así. Y la hediondez, después… cuando muere una persona, quedan debajo [de los escombros]. Entonces, ¿qué pasó? Yo no fui a mirar allá, sólo fui a ver a mi familia y gracias a Dios se fueron a un cerro. Pero las personas de Dichato fueron las que sufrieron más. El mar de Tomé no. Fuimos cubiertos por la Isla Quiriquina. La Quiriquina lo tiró [al maremoto] para el otro lado.

De seguro fue algo bastante traumático para usted, ya que era joven.

Sí.

Y no tenía tanta experiencia.

No, pues. Nadie tiene experiencia. Es lo mismo cuando tú dices “¿qué significa ser mamá?”. Tú vas a tener la experiencia. O cuando dicen de un parto, uno siempre pregunta “¿cómo?” No, es que esto pasa. Y tú tienes que tener la experiencia. Yo te cuento mi experiencia de lo que pasó. Del 85 no fue tanto, pero del 2010… Yo tuve que volver a Tomé, porque tengo toda mi familia [allá] y yo estoy sola acá. Yo no tengo familia acá [en Pudahuel]. Entonces, de ver que tu mamá no sabe nada de tu suegro, de gente que después te dicen: “oye, no sé de…, por ejemplo, Carlos”. “¿Cómo no sabes de Carlos?”. Nadie sabía. Y todavía faltan [personas]. Y después van a hablar del terremoto que pasó en Dichato o lo que pasó en Constitución, que fue en verano. ¿Cuánta gente murió y todavía no los encuentran? Y fue de noche. Entonces, en la noche, cuando se corta la luz, yo siempre digo: “tal vez Dios nos quiere mandar [el terremoto] en la noche para no ver lo que va a pasar”. ¿Qué quiere decir? Ojalá que fuera de día. Pero si vimos a nuestra gente que va muriendo, ¿qué trauma queda? Entonces, a veces uno piensa “mejor que fue de noche”. Y todo lo que pasó, después tú lo ves. Chuta, esto pasó. Uno dice: “ojalá que sea de día”. Pero en el día saldríamos todos arrancando. El caos sería mayor. Y en la noche tú dices: “¿adónde voy?”. Y cuando tú sales, ni las estrellas se ven. Todo [está] oscuro.

Sí, no, no. Y tener a su madre lejos suyo, también es muy entendible que sea como… yo no podría, porque yo quiero harto a mi mamá. Así que yo también me sentiría como usted, me sentiría alarmada, ansiosa…

Sí, po’. Uno tiene un cariño tremendo a los padres y eso son nuestras bases. Pero tuve que dejar a mi mamá. Porque yo no me hubiera ido de Tomé, me hubiera quedado. Pero [a] mi Alvarito no le daban probabilidades de vida, y [por eso] me vine acá a Santiago. Y Alvarito ahora está bien. Pero siempre estoy yendo para el verano, o me voy un fin de semana, la voy a ver. Pero el terremoto, imagínate… cuando pasó en febrero, yo dije: “si hubiera estado ahí…”. El destino fue que yo tenía que estar acá. Pero mi mamá tiene 87 años, ella no le tiene miedo. Yo sí que le tenía miedo. Porque mi mamá nos agarraba, éramos seis, y nos metían acá abajo. Entonces yo decía: “¿por qué mi mamá nos mete abajo?”. Y yo lo único que quería era arrancar. Pero no, por eso.

Sí, es muy entendible. También siento que es muy interesante sobre las campañas en las que está, sobre los discapacitados, creo que es algo muy bueno e interesante.

Sí, po’. Si te das cuenta, si uno hablara de los discapacitados del terremoto, ¿cómo tú los llevas? Son los primeros que fallecen y luego las de tercera edad, los abuelitos. Por ejemplo, si tú tienes tu grupo familiar, tu mamá tendría 87 años y tienes un hijo, ¿a quién salvarías? Dime, ¿a quién salvarías primero? ¿Te das cuenta? Entonces, el terremoto a veces no es tanto, [sino] las personas. Tú tienes que elegir. Yo, por ejemplo, tengo que salvar a mi hijo. Pero si a mí me dijeran de mi mamá, yo tengo que salvar a mi hijo, ¿por qué? Porque hay mucha gente, lo mismo que en un incendio. ¿Has escuchado cuando se incendia [una casa] y se muere una abuelita y sacan a los hijos? Porque en ese momento, tú lo único que piensas es [en lo que está pasando] acá y después reaccionas. Entonces, también por eso, las [personas con] discapacidad y la gente de tercera edad fallecieron. Mucha gente de tercera edad. Yo estoy de tercera edad, tengo 63 años. Pero una persona de 87 que está postrada, un niño que está postrado, tú no lo puedes sacar. Tú mueres con eso. Y hay gente que muere abrazada con la persona. Lo que yo hice, yo me fui y después que tembló, yo cubrí a mi hijo y dije: “si se cae, caigo con él”. Entonces, una mamá… Nosotros somos igual que los animalitos. Ellos protegen a sus cachorros.

Como dijo, esas decisiones son como de vida o muerte, porque tiene que ser súper rápido.

Tú no piensas en ese momento. Tú lo dices: mi hijo. Y después dices: mi mamá. Por eso te digo: y tu mamá, ¿qué es lo que hace? Cuando pasa algo, mi hija viene, pero dejó a tu otro hermano, no sé si tiene hermano, ¿cierto? Busca a la persona que no está. Y después reaccioné con mi familia.

Sí, sí, los instintos de los seres humanos son como protectores.

Somos protectores. Las mamás buscan siempre a los hijos.

Bueno, también lo que dijo al principio de la entrevista, que practicaba natación, siento que es algo muy productivo.

Sí.

Bueno, mantenerse…

Lo que pasa es que antes, la tercera edad, como eran nuestros ancestros que les digo yo, la tercera edad era [de] estar en la casa.  La mujer era [de] estar en la casa, ver al marido y los niños, criarlos. Ahora que sé que estoy en la tercera edad, uno dice: “pero ¿por qué yo no puedo hacer esto?”. Porque uno deja de criar, yo estoy hablando de otras mamás, yo no po’, yo tengo que estar con Alvarito hasta que él se vaya. Entonces yo busqué algo que a él le gusta, que es el deporte. Y a mí me encanta nadar porque yo fui nadadora, por ejemplo, salvavidas en el mar. Entonces, la municipalidad te da [entrada] para ir a piscina. Ahí me vieron que yo nadaba. Tenía a mis compañeras de edad, que son más de edad, entonces cuando nos hacían competir, yo les dije a las chiquillas: “chiquillas, agárrense todos de un tobillo y yo las llevo”. Y un profesor me dijo: “¿usted sabe nadar?”. Sí, porque yo me crie [en Tomé], yo vivía al frente del mar. Mi juventud, mi niñez fue frente al mar. Yo no le tengo miedo al mar, pero sí que hay un respeto. Y no es el mar; la mar es una mujer. Nunca hay que darle la espalda. Nosotros le tenemos un respeto. Tú si le dices, ay mar, como cuando tú dices que la mar está brava, ¿cierto? Y uno dice: “no, yo me voy a meter igual”. Hay que tenerle respeto. Es una mujer. Nosotros así lo hicimos en el sur. La gente le dice el mar o la mar. Pero nunca darle la espalda. Y decirle a la mar: “tú me apoyas y tú lo que me das, nos das a los pescadores”. Pero hay pescadores que van y dicen: “no, si va a haber algo”. Ahora tienen un sistema para ver que está [mala la mar], ¿cierto? Y ellos salen. Pero ahora los pescadores [salen] porque necesitan la fuente de trabajo. Y lo que decía de la piscina, me encanta. Me encanta, me encanta nadar en mi espacio. Y ahora encontré que lo que quería era expresar para difundir en radio todo en lo que estoy. Ahora el jueves me va a tocar hablar de la Cecilia Pantoja. Que mis padres se criaron con ella. Y mis padres me pusieron Cecilia porque yo era amiga de Cecilia. Bueno, no amiga. Nuestros padres eran compadres.

Siento muy interesante cómo habla del mar ya que creció [en Tomé].

Es que me encanta el mar.

Mi papá creció en las playas de Concepción. Así que sí, también habla como usted. Habla de la mar. Siempre me ha dicho que hay que tener respeto.

Sí, hay que tener respeto.

Y que tenemos que referirnos con nombres femeninos.

Sí, tú tienes que decir, bienvenido, gracias por dejarme. No sé, nosotros así le enseñamos. Yo tengo una nieta y le digo que hay que tenerle cuidado. Porque hay jóvenes que se creen que entrando, la mar se enoja. La mar es como nosotros. Cuando nosotros estamos molestos, ¿qué hacemos? Por ejemplo, si a ti en el verano estés bien te ponen la bandera roja. ¿Por qué tienes que ir tú contra el mar? La mar.  La mar te va a llevar. Y es un remolino. Entonces hay que respetar, como lo que están haciendo ahora. Que la gente ya fue a mirar, a sacar fotos en Rusia. Por ejemplo, en Valparaíso. Ya están, se está diciendo que viene una ola. Hagamos lo posible de salir, ¿cierto? Pero ahí va la gente, los jóvenes, a sacar [fotos] donde está la ola. Y eso pasó. Prevengamos lo que va a pasar. Qué bueno que tu papá es de Concepción. Y eso es, para que tú [se] los digas: en la mar. No el mar.

Me llama la atención lo del respeto.

¿No es verdad? [Es] igual [que] con el fuego. Hay jóvenes que están fumando, [pero] tengamos precaución de no tirar [la colilla] en [cualquier] parte. O la botella. ¿Cierto? ¡Ah! Tiremos la botella. Y por eso, ¿cuántos se mueren? Los animalitos, los conejos. Entonces, tenemos que cuidar nuestro planeta.

A mí me llama la atención que, aunque haya pasado por todos esos terremotos, aún esté aquí presente, bien, que esté haciendo actividades proactivas.

Simplemente, cuando tú llegas a los 60 años… como decían nuestros padres, ellos tenían que quedarse [en la casa]. Ahora el sistema te está dando cursos. Igual nosotros no sabíamos mucho de esta tecnología. Uno dice: “¿Yo cómo mando un WhatsApp?”. ¿Te has fijado que los abuelitos dicen “no sé” y “no entiendo”? Y ahora tienen teléfono. Entonces, el consejo que les daría, cuando vean a una persona de tercera edad, le digan: “¡Hola, buenos días!” Eso. Porque a la [gente] de tercera edad, ya no [la] están [escuchando], ¿en qué sentido? No les hablan, o les dicen: “¡ah, ya la abuelita está… [como hablando cosas nada que ver]!” No. Escúchenla. Porque después, cuando no esté, uno dice: “¡pucha, mi abuelita estaba!”. Yo soy abu-abuelita. Entonces yo le digo a mi nieta: “¡No hagas esto! ¡Bótalo en la basura!”. ¡Ah! Entonces le digo: “¡Hay reciclaje! ¡Ayudemos al planeta!” Les digo que cuando vean a alguien, en la feria, y miren a una abuelita, [salúdenla]: “¡Hola! ¿Cómo está?”. “¡Bien!”. Eso es lo mejor. Entonces, yo me creo abuelita de tercera edad, y me encanta… yo fui basquetbolista en Concepción. Mi papá fue un futbolista, como Bam Bam [Zamorano]. Por eso te digo, me encanta el deporte, y nunca pensé que iba a tener un hijo con discapacidad. Pero mi meta es [con] los niños con discapacidad y los niños ciegos. En eso estoy. Por eso Dios me mandó acá a Santiago. Yo digo que eso fue mi destino.

A mí también me han inculcado mucho de que hay que tener el respeto a las personas mayores.

Sí. Porque vamos a llegar a esa edad. Y lo bueno es que la tercera edad ya no [son] sólo abuelitos [que] estaban así [achacados]. Ahora van a bailar, disfrutan de un paseo, van a jugar a bingo, se juntan en un grupo sólo para tomar un cafecito. Entonces, ustedes… no sé qué van a hacer en sus épocas. Después, cuando yo esté bajo tierra, eso va a pasar. Entonces, van a decir: “Yo me acuerdo de una persona que [me] habló y ahora es distinto”. Tal vez la tecnología, ustedes van a tocar un botón y todo va a estar [disponible]. Pero no perdamos esa comunicación. En serio. Sólo saludar. Aunque un abuelito sabe que cuando [uno] pasa [y lo] mira, uno le dice: “Hola” y la otra persona responde… Antonella, ¿quieres decir algo?

Mhmm…

Aunque tú no creas, Antonella, yo era como tú. Hace dos años atrás, yo era media tartamuda. Yo era vergonzosa. Y gracias a los talleres [de] radio, ahora puedo hablar. Me da[ba] vergüenza todo. En el [taller], tú tienes que decir lo que tú sientes, porque uno piensa que va a hablar mal. Yo tenía miedo cuando estaba en el colegio. Antiguamente, el colegio en el que yo estaba era de monjas. Si tú hablabas mal, una vez me pusieron [un cartel que decía] que yo era burra, me [lo] ponían detrás. Y ahora esto se dice bullying. Mira, me dio pena, mis compañeros me trataban muy mal. Y ahora soy una mujer poderosa. Por eso te digo, si tú quieres decir algo, no temas. Los colegios ahora no [permiten el bullying]. Si yo hubiera vivido la época de ahora, yo hubiera dicho que lo que me hacían era bullying. Yo sufrí muchas cosas, porque era fea, porque usaba el pelo corto.

Entonces, esa es la pena que me da. Ustedes me reflejan, alguna vez yo no hablaba y ahora me da valor para contar, y seguir con la discapacidad de mis hijos. No es que ellos den pena, lo que me da pena es que me hubiera gustado en esa época haber disfrutado mi niñez. Después, cuando llegué a los 18, 20 años, cuidé a mis hermanos. Fui mamá de mis hermanos. Y después, a los 25, me casé. Mi hijo, normal. Y, después, me llegó Alvarito [su hijo con discapacidad]. Entonces pensé que la vida se me había acabado. Pero ahora, a los 60, noté que no. Yo tartamudeaba, me costaba y, aunque ustedes no crean, tenía miedo de venir a la entrevista, porque me iban a preguntar no sé qué cosas. Y me relajé con ustedes, porque sentí, tal vez, que el destino era hablar con ustedes. Porque hay jóvenes que de repente son así, como que ellos tienen más poder. Y ahora estoy a la par que ustedes. Ustedes tienen derecho a hablar, es su opinión. Antonella, pregunta lo que sea, aunque digas: “¿qué color te gusta?”, pero di algo, porque si a ti te está gustando esto, tú vas a ser voz de otras personas que te van a escuchar y te felicito. Las felicito porque ustedes van a ser la primera piedra. Y cuando ustedes estén en el Liceo, capaz que sigan eso, o tal vez una carrera en las comunicaciones más adelante. Y van a recordar que una vez tuvieron una entrevista. Ustedes son la piedra fundamental de lo que están haciendo.