El terremoto me alejó de mis amigos y mi patria

Mauricio Herrera.

Tenía 12 años. Ese día estaba jugando a la pelota afuera con mis amigos, recuerdo que previo al terremoto hubo cerca de 200 temblores antes del acontecimiento. En la costa viñamarina estaba nublado, vivía en la desaparecida etapa C, en Canal Beagle.

Al momento del terremoto, recuerdo que se nos movía el piso al punto de no poder estar parados. Me tuve que agarrar de un muro chico que impedía cualquier volcamiento de micros y autos cuesta abajo del cerro.

En medio de la bulla que había, que venía del suelo, de ventanas rompiéndose, de gente gritando, lo que más recuerdo es cuando estaba agarrado de dicho muro, que daba hacia El Salto, por donde pasa el tren. Ahí vi como los cerros se movían en forma de olas, algo así como ver olas de costado, olas suaves sin reventar en la playa. Más derrumbes, polvo al por mayor, el tiempo se me hizo largo.

Cuando paró el terremoto, recuerdo que fui a buscar a mi mamá al cuarto piso del edificio donde vivía, en el block 13. Ahí toda la gente bajaba y se iba a lugares abiertos.

También recuerdo que hubo un segundo sismo fuerte, también con bulla. La gente, ya desesperada, empezó a tener más miedo, esperando otro terremoto que finalmente no fue.

Esa noche de domingo todos dormimos en la calle. Se supo que en la etapa B se había caído un muro que mató a una persona. Hoy en día, según supe, queda la mitad de la etapa B y en la C los edificios desaparecieron por completo.

La naturaleza se encargó de tapar lo que era la etapa C, pero sé que aún se pueden encontrar cosas.

El terremoto hizo que mis padres se fueran al extranjero; sin trabajo, sin casa ni nada.

El terremoto del ‘85 marcó mi vida para siempre, me alejó de mis amigos y mi patria.