Después de la tragedia viene la comunidad

Esperanza Martínez, 66 años

La relación que tengo con la situación de los 40 años de Armero es porque, primero, soy de Colombia, de Boyacá. En ese momento estaba viviendo en Guayabal, a unas 10 horas en bus del volcán.

Ahí llegó la ceniza, amanecimos con la ceniza tapando el municipio. La tristeza, el dolor de saber que 25 mil personas fallecieron fue muy terrible. Presté servicios en dos municipios, tanto a mi derecha como a mi izquierda, en Guayabal y en Lérida. Allí asistí a un programa del bienestar popular, estuve como contratista, visité e hice la focalización con muchas familias, más de 180. Esa vez encontré varias familias damnificadas, muchas de ellas que perdieron a sus seres queridos y que aún los están buscando.

En este momento lo que queremos hacer como Fundación Trabajamos por un Mundo Mejor, una fundación social que se creó por una especialización que hice con la ESAP (mi proyecto de grado), aparte de prestar el servicio a todas las comunidades en todas las áreas, es ubicar a las madres sustitutas, a las madres comunitarias, que prestaron su servicio a niños y niñas que en ese momento perdieron su hogar y que sobrevivieron gracias a Dios, pero que ahora están buscando a sus familias. O, al contrario, sus familias los están buscando a ellos y ellas. Pretendemos que con esta focalización y trabajo mancomunado se encuentren más familias que tengan la dicha de abrazarse y volverse a encontrar.