El 3 de marzo la vida me dio un mensaje

Gerardo Donoso, 54 años

El día del terremoto tenía 14 años. Junto a algunos amigos comenzábamos a ver una película. Vivíamos en una villa de edificios en Renca, en el segundo piso. Cuando el sismo comenzó, nos asustamos mucho y salimos corriendo al umbral del acceso del edificio, pero se había llenado de los demás vecinos. Mi amigo me pidió ayuda, una vecina quedó encerrada en el 4to piso con sus tres hijos. Subimos las escaleras en pleno terremoto y le ayudamos a abrir la puerta. Luego de ello, cada uno tomó un niño y bajamos las escaleras. Caían cosas, se movía, costaba moverse, pero lo logramos. El sismo aún continuaba, me puse en el umbral de uno de los departamentos del 1er piso y en ese momento comencé a ver todo en cámara lenta… Veía caer cosas de ese departamento, afuera caían vidrios y restos de escombros de los edificios, la gente gritaba.

Cuando el primer sismo finalizó, me fui corriendo a mi edificio. Mi madre gritaba nuestros nombres, asustada. Recuerdo que llegó mi padre en un Fiat 600, y nos fuimos a ver a la familia en Santiago. Las réplicas no las sentí, estábamos en el auto. Esa noche al volver, armamos carpas en la plaza. Nadie quería dormir en su departamento.
Al día siguiente, en una improvisada fogata, calentábamos agua para comer algo, y ahí llegaron por mí. Era miembro de un grupo scout en ese entonces, y nos dieron la misión de hacernos cargo de un albergue en mi antiguo colegio. Fueron como 45 días de trabajo allí. Recuerdo que ese año entré a 1ero medio y me iba al liceo desde el albergue. Tenía clases en la tarde. Por la noche, hacíamos guardia y nos preocupábamos de la gente del hospedaje. Recuerdo que un profesor me autorizó para estar al final de la sala y dormir, porque me dormí en clases un par de veces. Fueron fuertes y grandes recuerdos, una experiencia que jamás olvidaré. Ese terremoto marcó mi vida.

Hoy soy bombero y rescatista. Me especialicé en búsqueda con perros y he dirigido instituciones dedicadas a ello. El 3 de marzo de 1985, la vida me dio un mensaje y mi destino sería salvar vidas, hasta que mi partida llegue. Por ello trabajo y perfecciono mi desempeño. Además formo personas que ayudarán a otros, ya no solo en terremotos, también en búsquedas de grandes áreas y otros escenarios. Mi vida gira en torno a la emergencia hoy, y me siento bendecido de vivir para contarlo. Doy gracias a Dios día tras día por este don y trato de honrarlo en mi trabajo.